Susumu Yokota ‎– Skintone Collection (2007)

por Álvaro Mortem

Susumu Yokota ‎– Skintone Collection (2007)Aprehender el sentido del infinito parte necesariamente de sabernos encaminados hacia un fracaso cierto: aun cuando sabemos que es un proceso imposible, que nace de la pura frustración de saber que sólo podremos mantenernos cerca pero no en medio del absoluto, nos arrojamos constantemente en su búsqueda como si de hecho hubiera posibilidad alguno de conseguir un éxito cierto. Si aceptamos que nunca conseguiremos capturar la verdad bien redonda del corazón, al menos sí podremos alcanzar a rozar los destellos colindantes con sus límites superficiales; quizás no podamos conseguir la perfección, pero es perentorio al menos la pretensión de acercársele. Y aunque no esté en el grado cero de la perfección, Skintone Collection es la forma más pura que ha alcanzado cierta musicalidad a la hora de encontrar su propia completud.

La abstracción que supone la composición de cada tema de Susumu Yokota, de la cual este trabajo sólo es una pequeña selección de entre sus obras presentes en el sello inglés Skintone —lo cual deja fuera, aun cuando fuera parcialmente, su producción más cercana al house—, supone acercarse hacia una polihédrica verdad que, aun cuando parezca una ejecución sencilla de electrónico minimalismo moderno, en verdad ejecuta una compleja danza no sólo de subrepticias referencias, sino conformaciones fluyendo libres en un amniótico conjunto ambiental. Quizás por ello la flexible contorsión requerida por la noción misma de recopilatorio, de aquello que implica contextualizar lo que es arrancado de su habitat propio, alcanza con Yokota el estatus de obra de arte en sí misma cuando arranca un proceso rítmico con sus propias reglas auto-producido. Como acompañando entre chapoteos gráciles vuelos de gotas entrechocando en pétalos rosáceos, los temas planean elegantes sobre lo común del color compositivo propio del ambient para situarse más próximos a la vanguardia sin abandonar un cierto tono neo-clásico: como un sí-no de emociones volteándose hacia su otredad.

El mismo oleaje de extrañeza que nos lleva desde un dulce minuet de aires enka de la era post-industrial nos arrastra con quietud al instante hacia límpidos caminos más cercanos al tradicionalismo de una música de nuevo ambiental intoxicada de los restos sediciosos de la música concreta. Como el rumor del oleaje que siempre remite los mismos motivos aun cuando su forma siempre ha de diferir con aquella que ya conocimos, y aun siendo que dos oleajes distintos nos harán derramar una lágrima por la misma idea rememorada en racimo, es imposible no saber en Yokota el tierno ulular de los sentimientos recuperados del limo. Pues sólo en esa circularidad es posible aproximarse a esa pronosticada bien redonda verdad que es la perfección que, mostrándose esquiva para todos, para algunos parece dejarse querer al mostrarse más cercana en aquello que diseñan, componen e, incluso, aducen. Porque si bien la perfección es esquiva, es esquiva sólo para quienes no reúnen el valor de amarla tan profundamente como Susumu Yokota.

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