Rotten Sound – Species At War (2013)

por Xabier Cortés

Rotten-Sound-Species-at-War-SmallLa violencia como motor, la agresividad total como inspiración que dé como resultado una obra a priori sencilla en su resultado pero extremadamente compleja en su concepto más primario. Si entendemos violencia como aquello que no se encuentra en su estado natural, amén de ser aquello que se manifiesta con brutalidad e ímpetu claro está, nos iremos acercando al leitmotiv del sonido abrasivo de grindcore. Una respuesta frontal y directa, un «no nos gusta tu sistema» marcado con pintura de spray en las paredes de lo cotidiano, una ruptura total a lo establecido es el germen, la esencia de este pequeño bastardo nacido de una siniestra orgía entre el death metal, el hardcore y el punk —todos ellos en su vertiente más frenética y demoledora, por supuesto—. La aniquilación como resultado y objetivo principal, destruyamos lo establecido, aquello que no nos gusta, para construir algo nuevo ¿el qué? eso ya lo pensaremos más adelante, nuestra misión es destruir(te). Abrazar la violencia no deja de ser un acto de rendición ante uno de los instintos primarios del homo sapiens. La violencia siempre nos ha acompañado y siempre nos acompañará, de eso no cabe duda.

Los fineses Rotten Sound llevan la lección aprendida, asimilaron hace tiempo este concepto sincero de violencia y nos los vomitan con histeria descontrolada en cada nuevo lanzamiento. En este Species At War, que sirve de aperitivo —insuficiente por su obscenamente corta duración— de lo que esperemos que sea su próximo larga duración, nos dan una nueva clase magistral de grindcore puro y directo. Por supuesto, no debemos caer en el error de pensar que se han dejado llevar por la monotonía y la repetición, sin escrúpulos, de la típica fórmula, de demostrada eficacia por otra parte, de guitarras saturadas, blastbeats y voces totalmente desgarradas. No, Rotten Sound siempre añade pequeños matices que engrandecen su trabajo, por muy mínimos que estos detalles sean. Este Species At War no es una excepción y, si bien, sigue una línea continuista —pero siempre ascendente, por supuesto— de su anterior Cursed, se han permitido algunas licencias, como lo son las guitarras sostenidas puramente doom en The Game que, ojalá, abran una nueva línea en la que seguir enriqueciendo su agresivo sonido. Rotten Sound se ha hecho dueño del estandarte grind —con el beneplácito de los extintos Nasum, eso sí—y alcanzar esta notoriedad en ocasiones puede llevarnos a pensar en que sus miembros puedan poner sus miras en algo más, en ese algo más que desvirtúa la esencia y los convierte en un subproducto más de la maquinaria del show business . Afortunadamente Rotten Sound son conscientes de que su misión está por terminar y que necesitan seguir alimentando su insaciable apetito grind con nuevos caminos —siempre ásperos e inexplorados por sus compañeros de fatigas— con el que dotar de más sentido, si cabe, a su concepto primigenio.

Tener la capacidad de sintetizar algo tan puro, tan extremo y a la vez tan humano como la violencia y saber encauzarlo en vertiginosas composiciones ultra-aceleradas y áridas es algo que no está al alcance de cualquiera. Menos mal que la apisonadora finlandesa goza de una salud envidiable, está perfectamente engrasada y conserva un apetito voraz por seguir adentrándose en los turbulentas aguas de la violencia. Que así sea.

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