Anaal Nathrakh – In the Constellation of the Black Widow (2009)

por Xabier Cortés

anaal_nathrakh_in_the_constellation_of_the_black_widow_cover¿Es Anaal Nathrakh un fiel reflejo del devenir violento del Ser Humano? ¿Es este duo inglés un resumen ad hoc de la naturaleza salvaje, primigenia y latente de la Humanidad? ¿Se trata simplemente de una ofrenda al caos y la desesperanza? Violencia, destrucción, caos no parece que sean conceptos desconocidos para la escena metálica extrema/agresiva, entonces ¿por qué estos ingleses han conseguido erigirse como máximos representantes de ese Caos? La respuesta es sencilla en su forma pero compleja hasta el extremo en su fondo; Anaal Nathrakh es el Caos y este In The Constellation Of The Black Widow es otra prueba más de la confusa, anárquica y enfermiza catársis que nos presentan Dave Hunt y Mick Kenney en una devastadora oda al extremismo moderno.

Anaal Nathrakh consigue —y no sólo en este In The Constellation Of The Black Widow que nos ocupa— trasladarnos un mensaje de caos. Caos absoluto, total e incontestable, una espiral destructora cuya única misión es ejecutar su venganza para con la Humanidad y cuyo objetivo es la Nada, el vacío, el Null sin vuelta atrás ni posibilidad de redención. No dejar títere con cabeza. No se esconden tras estrafalarios maquillajes ni pomposas puestas en escena, Anaal Nathrakh es crudo y directo, tampoco desean ver su mensaje desvirtuado —cuando no directamente caer en el más espantoso de los ridículos, ejemplos conocemos todos a patadas—. Este duo inglés no tienen ninguna intención de hacer prisioneros y ya desde el primer segundo de este álbum nos asfixian con su abrasiva mezcla de géneros metálicos extremos y agresivos: desde un black metal industrializado y überacelerado —lo que no hace si no engrandecer ese carácter mecánico y anti-humano de su característico sonido—, hasta un genuino y violento, como no, grind que forma un sólido equipo con esa recurrente sensación de no pertenencia al género humano que rodea a todo lo que crean estos dos entes. Anaal Nathrakh surge de alguna putrefacta cloaca, se arrastra sobre su alma impía vomitándonos una serie de mensajes apocalípticos en los que no hay luz a final del túnel ni esperanza alguna: sólo encontraremos sufrimiento y destrucción despiadada de todo aquello en lo que creemos. A modo de purga caótica Anaal Nathrakh nos obliga a engullir su mensaje hasta que no quede nada de nosotros, sólo una temblorosa masa sanguinolenta luchando por conseguir alguna mínima partícula de aire de la que alimentarse. Entre toda esta amalgama frenética del álbum nos parecerá estar en manos de un duo desnortado que nos conduce a la deriva hacia no-se-sabe-bien-qué, pero no. Nada más lejos de la realidad, los que estamos perdiendo el rumbo seremos nosotros mismos ya que nos veremos envueltos en un inexplicable y viscoso líquido que tomará el control de nuestro cuerpo y mente hasta conseguir exprimir hasta la última molécula de energía que encuentre.

Anaal Nathrakh se ofrece a ser nuestro partenaire en este particular descenso a los infierno —o ascenso a la destrucción, lo que ustedes estimen más oportuno— para, en el último momento, abandonarnos a nuestra suerte en mitad de la más absoluta de las oscuridades. Y sin posibilidad de volver, tan sólo nos aguardará la libertad que te da el saberte desahuciado y despojado de todo. Nada más.


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