Zombie Zombie – A Land for Renegades (2008)

por Álvaro Mortem

Zombie Zombie - A Land for Renegades (2008)Cuando se elige el nombre de un proyecto partiendo de toda elección posible tanto del campo de los videojuegos como de las formas más culturalmente inspiradas de los 70’s —esencialmente, el cine de serie B—, desde un principio se debe tener claro que los referentes habrán de acompañar lo prometido: disonancias cognitivas que acompañan alucinados sinsentido en escalofriantes conformaciones bufas de inesperado nervio sostenido. Sólo a partir de ahí podríamos empezar a decir que el nombre de un grupo es coherente, que tiene el John Carpenter seal of approval, que su núcleo estético es coherente en su contenido y forma; si el nombre es aquello que debe guiarnos en saber el contenido específico de algo, con Zombie Zombie es imposible no saberlo desde el minuto cero.

Si desde el nombre ya nos han enseñado todas sus cartas, porque todo referente se manifiesta necesariamente desde las formas particulares del krautrock más afín al cine de terror de su época hasta el chiptune de las consolas de 8-bits, todo lo que viene contenido después no deja de ser la aseveración radical de esta manifestación primera. Dentro de los amplios límites que forja esta concepción contranatura pero completamente lógica, podemos encontrar desde reminiscencias hacia los Goblin más electrónicos (A Land For Renegades), pasando por un krautrock de baterías idealizadas (What’s happening in the city?), himnos trastornados para un after con exceso de vómito existencial (Nightclubbing) o melodías que dejan los complejos a un lado y se lanzan desnudas sobre el amante chiptune (Before Night Falls). Ahora bien, si existe algo así como un factor común a todas ellas, sería exclusivamente la certeza de ser parte de la banda sonora de la película de terror más desarticulada y condimentada de LSD que jamás pudiera haber parido mente alguna; su idealidad de género es tan fuerte que sirve sólo como ideal, como manifestación, como parodia perfecta.

Todo cuanto contiene la particular apuesta de Zombie Zombie se circunscribe en la intencionalidad de hacer un recorrido perfecto basado en la idealidad última de aquello que homenajean: al conseguir alcanzar la síntesis última de toda la cultura pop de una época, pretenden así conseguir el más refinado producto de esa época. Y lo consiguen sólo en parte. Aunque el disco es capaz de incomodarnos, hacernos sentir auténticamente en el terror, siempre se sitúa un paso más cerca de una parodia satírica que de un auténtico acto de amor; en ocasiones la música parece estar riéndose de sí misma con demasiada cercanía, llegando a copiarse hasta un punto que resulta incómodo — a nadie le hace gracia un humorista que se ríe de sus propios chistes. Aun con todo, ésto no dejan de ser apenas sí momentos puntuales que no ensombrecen un conjunto que se demuestra como digno heredero de un sonido que si bien no está muerto, si parece olvidado en una antigua cripta donde se celebrarán todas las fiestas del mañana.

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