Kraftwerk – The Man-Machine (1978)

por Xabier Cortés

kraftwerk_the_man_machineLa revolución del lenguaje de las máquinas. Frías, inanimadas, obedientes y artificiales, las máquinas carecían de alma pero entonces llegó el maestro francés Jean Michel Jarre para mostrarnos el camino, para abrirnos los ojos y enseñarnos que esos cacharritos llenos de cables y complicados programas eran capaces de tener alma. Pero no estaba todo completo, faltaba algo, las máquinas contaban con un alma pero necesitaban independencia, necesitaban poder expresarse por ellas mismas, en definitiva, necesitaban personalidad. Aquí aparecen Florian, Ralf, Karl y Wolfgang para dotar a las máquinas de su tan anhelada libertad. Tras su liberación, las máquinas podían no sólo crear evocadoras melodías, también podían sentirlas. The Man Machine es el germen de la música electrónica y en esta santa casa queremos reivindicarlo como una de las obras más importantes de la música contemporánea.

Para que no nos quepa la menor duda al respecto de la recién adquirida personalidad de las máquinas, Kraftwerk lo deja meridianamente claro en The Robots, canción que abre el disco y que nos abruma con pellizcos analógicos, bucles infinitos y una voz artificial y seductora; se trata de un manifiesto, somos los robots y tenemos algo que decir. Kraftwerk nos propone una unión hombre-máquina, una fusión que de como resultado un ente superior y un siguiente paso en la escala evolutiva que toman forma aquí de voces tamizadas artificialmente como en The Robots, Spacelab y en el himno que da título al álbum y que nos embriagan también con una lograda inspiración espacial. Nos hablan de las bondades y las ventajas de las megaurbesNeon Lights, Metropolis; con su nada escondido homenaje al genio del expresionismo alemán y a su obra distópica Fritz Lang— mientras viajamos a toda velocidad por unas autobahn repletas de luz. Incluso dejan caer sutilmente la contrapartida al hombre-máquina; la mujer como rendez-vous de todo lo deseable en la que probablemente sea la canción más conocida de estos alemanes: The Model. The Man Machine se convierte en una suerte de piedra Rosetta y arroja luz sobre el devenir de la música electrónica: conseguir el equilibrio perfecto entre una base rítmica contundente y una melodía siempre evocadora, sublime y que le pierde el miedo a saberse sintética/artificial porque eso es precisamente lo que le otorga su propia idiosincrasia: la libertad de saberse pleno. Todos estos elementos generados gracias al poder de las máquinas, esos fríos engendros mecánicos. Kraftwerk juegan con ellas, las máquinas juegan con Kraftwerk. En definitiva, Kraftwerk acaban siendo esas máquinas completando así el paso evolutivo definitivo; la unión hombre-máquina se ve aquí materializada.

The Man Machine debe ser entendido, analizado y asimilado como una de las obras cumbres de la música, no ya por la innegable capacidad de innovación y el rotundo golpe en la mesa que supuso en su época, también por su más que remarcable influencia en las mil y una ramificaciones de un género que veía en este álbum el santo grial que le faltaba para empezar a madurar como tal.

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