Boys Climbing Ropes – Except for the Darkness (2010)

por Álvaro Mortem

Boys Climbing Ropes - Except for the Darkness (2010)Que lo gótico no está de moda es un hecho incontestable, lo cual es una pena en un tiempo obsesionado con el post-punk pero incapaz de recordar cuales fueron las consecuencias exactas de aquello que dicen rendir tributo. Este antiguo adalid del post-punk ya olvidado por los jóvenes —tío abuelo, mal que les pese a muchos, de la haunt(/)ology— fue el que condujo en una cierta dirección determinada al género atravesando los baldíos terrenos de la oscuridad impostada; lo gótico seguramente resulte demasiado grotesco y extremo para un tiempo donde sólo se permite el extremo para lo nuevo, pero incluso en su auto-parodia consciente sigue conteniendo dentro de sí un hálito vital particular. Quizás por eso un reducto de valientes en Shangai decidieron no olvidar los orígenes de aquello que quisieron perpetuar.

Boys Climbing Ropes articulan un post-punk clásico, demasiado ortodoxo para la perspectiva revival del género, pero aun apegados dentro de un cierto canon que podríamos denominar como allegados de la estética indie; aunque absorben ciertas connotaciones específicas de su presente que es el nuestro, sus deudas debidas están especialmente en los grupos de los 80’s de los cuales beben sutilmente para sus propósitos: no copian lo que hicieron tiempo atrás grupos que debieran considerarse como abuelos putativos de ellos, sino asumir una postura común con ellos al respecto del género: la plasmación de esa oscuridad naïf. Para conseugirlo nada mejor que arroparse en un canon de sintetizadores para originar un ambiente fantasmagórico que recree un tono particularmente siniestro, añadiendo en el proceso añadiendo una instrumentación clásica del post-punk, con un flagrante y maravilloso exceso de platillos, que confiera al conjunto el empaque necesario. Porque a veces menos es más, y apegarse más a lo clásico es avanzar más hacia lo contemporáneo. El resultado son canciones adustas, violentas y tremendamente oscuras, pero que nunca abandonan un cierto tono festivo que las acompañan en la familiaridad disruptiva de aquello que componen.

El título del disco no podría ser más acertado: renuncian a todo prestidigitación, a todo aquello que engalana artificialmente el discurso estético del género, a excepción de la de oscuridad. Con la sólo levemente voz nasal de Morgan Short, corazón y espíritu del grupo que recuerda a una versión femenina de Ian Curtis, todo se torna una densa recapitulación de neblinosos viajes entre espíritus. Con un conocimiento auténtico del sonido de estos grupos, no buscando su imitación, Boys Climbing Ropes articulan su propio discurso del post-punk donde su esoterismo oscuro cobra una nueva fuerza; su magia es que nunca intentan ser Joy Division, o una mera imitación de ellos, sino que siguiendo el mismo sendero de estos llegan hasta puntos comunes. Y por ello consiguen hacer algo que es netamente contemporáneo pero no abandona la semilla originaria del género, pudiendo así permitirse situarse más cerca de un auténtico sonido del post-punk de lo que cualquier hijo pródigo de revival alguno podrá admitir jamás para sí.

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