Katatonia – Dead End Kings (2012)

por Álvaro Mortem

Katatonia - Dead End Kings (2012)

Según Howard Phillips Lovecraft no está muerto lo que puede yacer eternamente; y con el paso de los extraños eones, incluso la Muerte puede morir, lo cual nos sitúa en el punto exacto necesario para abordar lo que tenemos en nuestra mano: no es lo mismo morir que yacer por la eternidad, del mismo modo que incluso la muerte puede morir, dejar de existir. Para cualquier aficionado a la música esto es, o debería ser, harto evidente. Todo gran grupo es capaz de yacer eternamente, parecer efectivamente muerto, y sin embargo un día levantarse para demostrar que en verdad sólo estaban yaciendo; la muerte entonces muere porque mientras hay algo de efímero en todos los mortales, en los auténticos artistas parece que sólo existe la eternidad. Nada hay más allá de ellos salvo posibilidades infinitas.

Después de haber sido abanderados del death/doom metal junto con otros grupos de la talla de Anathema, el viraje que tomó Katatonia hacia los caminos del gothic metal y algo-así-cómo un estilo de tintes alternativos —de nuevo próximo a Anathema, pero en esta ocasión no tan inspirado aun cuando absolutamente insulso como sería en éstos— consiguió que grande parte de su público decidiera migrar a pastos más verdes. Su criterio, si es que no directamente su talento, había muerto. Con Dead End Kings no nos demuestran que de hecho hayan sido capaces de volver a un estado anterior, pues quien duerme ya no despierta siendo el mismo que antes, y por eso aunque consiguen hacer un disco (casi) redondo si se nota la ausencia de algo: de su sonido originario. Aquí nos ofrecen otra cosa, algo mucho más accesible y digerible dentro de lo que deberíamos denominar como una derivación marcadamente pop de un cultivado pseudo-death doom; Katatonia aun guardan dentro de sí un deje de su anterior encarnación, de aquello que una vez fueron, pero su deriva está marcado de una forma tan tajante que casi, y sólo casi, deberían ser interpretados como otra cosa.

Su estilo melancólico, con un marcado acento gothic que no permite evitar la sensación de que se dirigen a un público más adolescente del que nos gustaría poder reconocer, se ve constantemente matizado por algunos reversos tenebrosos en formas de detalles que dan un empaque particular al conjunto —baterías heredadas del death metal, destellos de un bajo marcadamente doom metal en algunas canciones— que sirven de guiño y promesa de no haber olvidado aquello que fueron; no es lo ideal, pero es suficiente. Una vez deshechos de esa espina, y aceptando que son Katatonia salvo que no, nos encontramos un disco excepcionalmente inspirado, con un gusto exquisito para los arreglos y que consigue mantener al máximo nivel una épica contenida que, no por naïf, deja de resultar resplandeciente. Como si el que una vez fue un enterrador prodigioso decidiera hacerse el poeta más sobrecargado de afectación de la sturm and drag, sólo que en el presente.

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