AIT! – Romanticismo Oltranzista (2007)

por Xabier Cortés

AITEl riesgo es magnético y adictivo; la respuesta física a una situación peligrosa, la inyección de adrenalina consecuencia de nuestra exposición a una realidad carente de una cómoda seguridad dispara en nosotros mecanismos y posturas que nos resultan desconocidas: nuestros sentidos se agudizan y nuestra fuerza aumenta con el único fin de poder hacer frente a ese riesgo que pone en peligro nuestra existencia. Claro que cuando esta circunstancia —a todas luces contradictoria ya que el riesgo nos atrae pero a su vez pone en peligro nuestra vida, contraviniendo la más básica de las leyes humanas: la de la supervivencia— viene provocada por uno mismo, y aun cuando ésta nos provoque sensaciones similares, la intensidad de las mismas no llegará a la altura de las que nos provocaría una experiencia similar en la que el control de ésta nos fuera ajeno. Por esto mismo intentamos forzar situaciones hasta el exceso: queremos que nuestra virtual y autoinfligida experiencia de riesgo se acerque hasta casi rozar a aquella situación terrible generada por un agente externo. Y es precisamente aquí donde merece la pena detenerse a reflexionar: el exceso, o mejor dicho, lo excesivo es libertad, como ya supo concluir el Divino Marqués en su excesiva obra, en especial en aquellos perversos y libertinos 120 Días De Sodoma. AIT! con este Romanticismo Oltranzista se convierte en nuestro anfitrión, en ese agente externo que se ha comprobado tan necesario para esa libertad plena, que nos acompañará en este descenso por los excesos, la perversión y una sordidez densa y sofocante.

Como un perverso maestro de ceremonias, Tairy Ceron nos guía por los sinuosos escondrijos de este Romanticismo Oltranzista. Una obra que tiene su razón de ser en un cabaret brumoso y nocivo, unas escaleras en las que nos rodean y nos abrazan las más explícitas y excesivas perversiones que seremos capaces de imaginas. Este álbum es la Tentación, representa el peligro, lo tabú y lo prohibido que se materializa en forma de sonidos post-industriales oscuros y certeros pero que no le hace ascos a sensuales matices jazz —con un inconfundible aroma a cabaret— ni a unos más que apropiados momentos cercanos al costumbrismo italiano de los setenta. Todo esto que se nos presenta ante nuestros ojos, es un espectáculo adulto, como bien nos avisa desde la canción que sirve de introducción, en la que la perversión, la sangre, el exceso, el fetichismo más exagerado, la sensualidad más ardiente y la provocación más impía se alían para ahogarnos en un frenesí de adrenalina en la que todo control nos será ajeno y solamente podremos dejarnos llevar manteniendo viva la esperanza de que al final de este sórdido camino, y tras sucumbir a los más turbios placeres, seremos capaces de recuperar la compostura y aprender a sobrellevar la adicción que todos estos placeres seguro tomarán nuestro cuerpo y mente.

Romanticismo Oltranzista es abrumador por lo perverso y libertino, nos ahoga con su lírica sin cadenas, desenfrenada y nos atrae hasta el más profundo de los infiernos con sus hipnóticos compases y su adictivo y sensual sonido. La libertad está en lo excesivo y este álbum es el vehículo perfecto para experimentar por unos instantes esa maligna sensación de éxtasis sobrehumano.

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