Maps and Atlases – Beware and Be Grateful (2012)

por Álvaro Mortem

Maps and Atlases - Beware and Be Grateful (2012)Los juveniles amores de verano nos arrastran en la nostalgia de un tiempo pasado que nunca existió, esa idílica visión de la posibilidad de un amor más puro y perfecto que sin embargo no era más que el simulacro de un verdadero amor. Nuestro último amor de verano —o para ser más exactos, el último del mainstream— se sentenció en una obsesión absoluta por poseer el indie pop, por atraer bajo sus garras a todos aquellos que se creían lo suficientemente alternativos para amar los productos corporativos de Apple y sólo poder creer en la autenticidad de un amor idílico de verano. Ilusos. El hecho de que tal verano haya durado media década no debería importunarnos: para el capital, las festividades son una eternidad de trabajo indirecto.

Aunque el indie pop se ha quedado eternamente estancado en la languidez y felicidad edulcorada propio de los sueños húmedos de una ama de casa que anhela con todo su ser un jardín en los suburbios, aunque eso suponga una paliza diaria de su marido, aun queda margen de mejora para el género. Infinito, si tenemos en cuenta su taxativa negación a evolucionar. Es por ello que ante esta adolescente visión de la música que desarrollan la mayoría de los grupos del género, Maps and Atlases se nos demuestran como su particular antítesis: no hay un cambio radical, no hay algo particularmente nuevo, pero se niega a vivir de las rentas del pasado; aun cuando no abandona nunca el concepto básico del género, si se lanza a la aventuran en búsqueda de nuevas posibilidades a través de la exploración de los límites del género. Buscando algo que puedan descubrir como propio. No es difícil distinguir esto cuando, sin pudor alguno, pasan de los radiables tres minutos hacia ciertos destellos de cinco o seis minutos que, para más inri, ni siquiera se nos muestran como parcelas independientes entre sí; todo en Beware and Be Grateful está conectado como un perfecto mecanismo de relojería. Cada canción da soporte a las demás en una evolución lógica, casi narrativa, pero sin abandonar al tiempo la significación propia que cada una tiene por sí misma.

Los coqueteos que se aproximan tímidamente hacia formas propias del math rock, aunque nunca sumergiéndose en su tedioso mundo de virtuosismo matemático carente de cualquier clase de espíritu interno, se ven bien matizados por la necesidad de no obliterar el discurso esencial que sostienen en su interior: la sencillez. Su experimentación se da en pequeños gestos, no en grandes movimientos de una insoportable virtuosidad. Pero es ahí donde consiguen que su música consiga un efecto particularmente catártico, pues al asumir esa posición natural en la cual ya no es exactamente indie pop pero tampoco se arrojan en los brazos de la fusión, crean un sonido particular que permite explorar su propio estilo; como cualquier buen artista, Maps and Atlases crean sus propias condiciones de facticidad a partir de la cual plasmar el mundo: no inventan un lenguaje propio, sino que inventan una forma de hablar el lenguaje que les es común. Así se entiende las cuotas de delicado preciosismo que alcanzan, uno que además jamás podrá alcanzar esa ama de casa que es el indie pop en su soportar las hostias del capital para poder deleitarse viendo las rosas de su jardín alimentadas de su propia sangre.

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