Pimentola – Misantropolis (2007)

por Xabier Cortés

pimentolaEscondemos un recóndito lugar dentro de nuestra mente en el que damos rienda suelta a nuestras más inverosímiles fantasías. Un pequeño espacio en el que el caos se erige como única y absoluta ley dominante. Una zona en la que todos los tabúes quedan aparcados en algún desconocido punto de su entrada. En este microcosmos de locura y aberración que todos escondemos dentro de nosotros —muchas veces sin ni siquiera ser conscientes de ello— tienen su reflejo nuestras perversiones, nuestros secretos más inconfesables y también nuestros miedos más terribles; todos estos ingredientes se abrazan en una maremágnum oscuro que luchamos por mantener en esa zona de nuestra mente de la que, de ninguna manera, puedan escapar atravesando esa coraza que lo limita y lo mantiene enterrado dentro de nosotros. Sucede que en ocasiones sufrimos pequeñas filtraciones de esta zona de terror y podredumbre, son esos momentos en los que la ansiedad y el desasosiego se apoderan de nosotros sin que haya  alguna razón lógica para ello, nos ataca con fiereza, nos paraliza y nos bloquea. El proyecto monocefálico finlandés Pimentola ha aprovechado estas pequeñas fugas y ha liberado a  todos esos fantasmas, ha sabido dominarlos, los ha sintetizado en sonidos coherentes y oscuros y, además, ha bautizado a esa zona inhóspita de nuestro subconsciente como Misantropolis; un lugar en el que caos domina la razón.

El comienzo de este álbum no podría ser más descriptivo, Black Globe cumple aquí una doble misión: por un lado, nos presenta a un Pimentola alejado de los sonidos heredados del black metal más ortodoxo que venían practicando desde sus orígenes —aunque manteniendo la esencia anti-humana del mismo en su concepto, eso sí— y por el otro, el objetivo principal de este primer corte, nos ofrece una hoja de ruta sobre lo que a continuación se nos viene encima. El viaje propuesto aquí por Risto-Matti Salo no resulta cómodo, enseguida seremos conscientes de esto mismo, la fusión de lo orquestal siniestro con elementos propios del industrial más mecánico y artificial —en el mejor de los sentidos, por supuesto— unido a unas voces convertidos aquí en susurros evocadores de esas perversiones y esos terrores que creíamos enterrados pero que se descubren poderosos ante nosotros para hacerse fuertes dentro de nuestro ser, consiguen sumergirnos en una vorágine desconcertante en la que nos será imposible escapar a menos que claudiquemos ante el despliegue sonoro que se nos presenta ante nosotros y nos dejemos llevar al ritmo que marcan la marcialidad de unas espectaculares —y extrañas— percusiones que sirven de hilo conductor de las diez composiciones que componen este periplo por nuestro caos interior.

Pimentola ha condensado en este Misantropolis toda una colección de imágenes y universos inquietantes y terroríficos que se encuentran agazapados dentro de nosotros. Como toda obra en la que se le rinde homenaje al caos, no es plato de fácil digestión y en ocasiones lo abstracto nos confundirá y nos hará perder completamente el norte, pero es aquí precisamente donde reside la energía de este trabajo; su infinita capacidad para desconcertar y sorprender a lo largo de los algo más de cuarenta minutos de desenfreno post industrial. La decisión es nuestra, ¿nos dejamos llevar en este torbellino anárquico que nos presenta Pimentola? Yo ya tengo mi respuesta.

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