Mount Eerie – Clear Moon (2012)

por Álvaro Mortem

Mount Eerie - Clear Moon (2012)

Descubrir que el comienzo y el final no son más que el mismo punto de un devenir imposible es la condición necesaria para poder entender por qué todo cuanto nos rodea es siempre excesivo. El aire, la niebla, la tierra, los árboles; todo ahí fuera se nos aparece como desmedido. La claridad de la Luna sólo manifiesta nuestra propia pequeñez, nuestro brillo fútil, lo inoperante de nuestra materia propia para constituirse como el reflejo de algo que esté más allá de una belleza de lo imposible. Nada aprehensible hay en la naturaleza. Ahí fuera todo sobrepasa aquello que podemos entender, más allá incluso de las miserias demasiado humanas que atenazan con furor el corazón de los hombres.

Siendo Mount Eerie el paradigma más evidente al respecto de esa infinitud incognoscible de lo natural, no debería sorprendernos que su evolución les haya llevado desde los insoldables abismos de lo sublime hasta la arrulladora belleza de la noche: todo está en su principio, en la pretensión de conseguir retratar en su mismidad aquello que existe más allá de la visión idealizada de la naturaleza. Si bien no renuncia totalmente al retrato del viento arrasando la posibilidad de comprender nuestra situación en el mundo —lo cual se ve claramente en Over Dark Water, que aproxima el sonido hacia la histeria excesiva que desataría en los mejores momentos de “No Flashlight”: Songs of the Fulfilled Night—, incluso cuando se sitúa en medio de la brutalidad lo hace desde una perspectiva dulcificada de la posibilidad. El ruido sordo que atenaza las formas más virulentas del disco se ven domadas por el tono general marcadamente folk, melancólico hasta lo insoportable, que nos sumerge en un estado de sopor que, lejos de tener nada que ver con el sueño, se sitúa próximo a la angustia; ¿qué quedará más allá de esa arrebatadora, limpísima en su brillo, naturaleza?

En la calma apologética de la noche, descubrimos en la claridad de la luna el reflejo de nuestra propia existencia. Ha desaparecido el lo-fi, aquello más próximo al indie rock parece un pequeño gesto de amabilidad y casi podríamos jurar haber visto al encomiástico Varg Vikernes asomar su presencia entre los enverdecidos pastos con una infantil máscara de troll; el viento ya no desgarra la carne, el agua ya no destruye el centro de nuestro hogar; la calma luz de la luna nos arropa en la tristeza propia de los amantes pasajeros que desean olvidar por un instante la posibilidad de no estar juntos. Esa es la hermosa calma que Phil Elvrum encuentra en la noche limpia de mácula.

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