Beck – Golden Feelings (1993)

por Álvaro Mortem

Beck - Golden Feelings (1993)Incluso antes de ser alguien, todo artista tiene un pasado que debe cargar sobre sus hombros con tanta resignación u orgullo como su desarrollo le permitan. Es por eso que aunque creamos conocer el exacto devenir de un músico determinado, si éste tiene un pasado que sólo pueda ser definido como auténtico, jamás deberíamos considerar poder conocerlo si no es desde lo disruptivo de su propio pasado; el artista auténtico es aquel que guarda con cariño el turbulento inicio que da sentido práctico a la totalidad de su carrera. Es por eso común que los primeros discos de un músico sean una síntesis de todo aquello que desarrollarán posteriormente en su carrera, para lo cual Beck no es ninguna excepción.

El oriundo de Los Ángeles, en su poco conocida primera referencia, desarrolla todo aquello que la mayoría de sus fans más entusiastas no son capaces de ver: una pasión experimentadora más grande que la vida misma. Es por eso que en su anti-folk encontramos extraños desarrollos que transitan desde el noise avant la lettre hasta el lo-fi guitarrero llevado hasta el terreno más pútrido, pasando en algún momento por un spoken word humorístico perfectamente coherente con el contexto general; esto último es lo que más debe interesarnos: es un disco atravesado, si es que no anegado, de un profundo sentimiento humorístico. No hay impostura, no hay deseo de ser alguien; no corre el riesgo de tomarse demasiado en serio. Su risa se puede intuir detrás de cada letra, de cada nota, de cada armonía, lo cual no excluye que, precisamente en esa risa sincera, podamos vislumbrar con claridad ya un cierto rasgo de genialidad. Golden Feelings sólo es un campo de pruebas, un intento experimental de forzar las cosas en sus rudimentos más básicos —lo cual, a su vez, es lo que permitirá sus futuros experimentos de compleja técnica pero límpida ejecución—.

Aunque se suela decir que nadie nace aprendido, lo que hace fuerte a Beck es que él no pretende hacérsenos presentar como nacido sabiendo: donde la mayoría de artistas cambian sus nombres artísticos y sepultan su pasado menos amable, Bek David Campbell acepta con naturalidad su pasado como el campo de juegos donde aprendió las técnicas para enamorarnos. Ver como desarrolla procesos cuasi-punk (en el ámbito folk) en temas como Schmoozer no sólo resulta divertido por su exceso, sino que incluso resulta clarividente cuando se piensa con sus trabajos posteriores en mente. Nada es casual. Todos los experimentos, los juegos, los procesos de aprendizaje, no son más que un reflejo de todas aquellas obsesivas intuiciones que han ido interpelando de forma sistemática a Beck en el proceso de composición de todos sus trabajos. Es por eso que, al no olvidar ese pasado remoto suyo que aparece poco evidente para la mayoría, no sólo ha conseguido mantenerse fresco sino que, de hecho, ha conseguido siempre estar a la vanguardia de sí mismo. Incluso antes de ser Beck.

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