A Challenge Of Honour – Wilhelm Gustloff (2003)

por Xabier Cortés

ACOHEl treinta de enero del año 1945, no muy lejos de las costas polacas, el barco-hospital nazi Wilhelm Gustloff agonizaba herido de muerte tras los impactos de tres de los cuatro torpedos lanzados por el submarino ruso S-13, llevándose consigo la vida de casi nueve mil quinientas personas y convirtiéndose así en la mayor tragedia marítima de la historia de la Humanidad. Hundimiento éste que pasaría desapercibido y sería convenientemente enterrado en los archivos para no emborronar la historia de aquellos que liberaron a Europa del desvarío megalómano de Hitler. Afortunadamente para nosotros, el proyecto holandés A Challenge Of Honour quiso recuperar los ecos de esta tragedia y ofrecer a las víctimas —sin importar aquí ideología ni credo— su merecido homenaje, una ofrenda que les ha sido negada por la historia y por el desmedido ego del ser humano.

A Challenge Of Honour ha demostrado casi desde sus inicios —más en su época post- Johan König, cuando Peter Savelcoul tomó las riendas del proyecto— un gusto especialmente particular por desarrollar obras conceptuales alrededor de premisas muy específicas, siendo esta ofrenda sonora al Wilhelm Gustloff el pionero que de alguna forma sentaría las bases de futuros lanzamientos como el Seven Samurai, de 2005—del que ya hablamos en esta santa casa— en el que revisionaría la obra más conocida del genio japonés Kurosawa y de Leonidas, de 2009, disco éste que se convertiría en el último lanzamiento de este proyecto clave para entender la escena marcial-industrial europea de principios de este siglo.

El desarrollo de este Wilhelm Gusloff de los holandeses navega en paralelo por la propia historia del barco alemán: comienza enérgico y épico, con esa genuina mezcla entre la intensidad marcial y la delicadeza de las composiciones neoclásicas, recordándonos a los A Challenge Of Honour más bombásticos. La historia se sigue desarrollando, convenientemente narrada por samples de la época, para llegar a ese punto, a ese fatídico día del hundimiento. Tragedia materializa en el disco en unas íntimas guitarras folkies y un giro en la percusión perdiendo parte de su carácter épico para caer en las redes de una melancolía fuertemente marcada por el espíritu marcial que rodea a todo el álbum. Espíritu éste que vuelve a cobrar protagonismo hacia el final para cerrar el círculo y ofrecer el tratamiento de héroes, queriendo que los estallidos marciales resuenen en las profundidades del Báltico y reverberen en los restos oxidados y demacrados del Wilhelm Gustloff.

Aún contando con los elementos arquetípicos que se esperan de un álbum enmarcado dentro del marcial-industrial, probablemente éste sea el álbum más alejado del género de cuántos han salido de la factoría A Challenge Of Honour; el excesivo carácter cinemático del mismo  y el abuso de samples de la época —entre los que encontraremos hasta a Winston Churchill— que guían el desarrollo narrativo del disco, así como las más que sobresalientes pinceladas folkies, requieren de nuestra máxima atención con el fin de poder sumergirnos por completo en esta narración de la mayor tragedia naval de la historia de la Humanidad.

 

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