The Draft – In A Million Pieces (2007)

por Álvaro Mortem

The Draft - In A Million Pieces (2007)El punk murió en algún momento pasado, ¿fue culpa de su comercialización, que mató su espíritu rebelde, o quizás fue la incapacidad de la juventud de comprender que su postura política es la extravagancia propia de la ironía, que tan mal casa con cualquier discurso político literal? Sea como fuere, aunque sigue siendo posible el punk —porque de hecho murió como modo de no poder ser profanado; pero esta es otra historia—, lo interesante es como de sus restos nace una posibilidad incipiente: la posibilidad de que el género retorne hacia aquello de donde partió, de la pura esencialidad festiva del rock. He ahí el punk rock.

En el caso de The Draft, grupo nacido de los restos de Hot Water Music, este resurgir de las cenizas volviendo al pasado es más un axioma constitutivo de su propia existencia que una forma de hacer música. Es por eso que la sencillez radical de In A Million Pieces, su capacidad de crear himnos coreables en una amistosa reyerta cervecera, se sustenta precisamente en ese devolver al rock aquello que se aprendió (técnicamente) en el punk: su sencillez arrebatadora resulta en una explosiva andanada de hostias de buen rollo. Guitarras afiladas que vuelan sobre nuestras cabezas, bajos contundentes rozando lo post-punk y baterías arrebatadoras en su propia sencillez: The Draft no inventan nada, ni maldita falta que les hace: lo suyo es articular canciones vibrantes, insultantemente juveniles, que arranquen a uno del asiento para dar enfervorecidos botes por toda la habitación. Que esa habitación sea una oficina, una habitación o una sala de conciertos da exactamente lo mismo: ellos sólo quieren verte exudar felicidad.

Es por eso que The Draft resultan imposibles de criticar en el sentido ortodoxo del término, pues ni técnica ni profundamente aportan nada específico que no hayamos oído ya antes mil veces. Pero lo que hacen, lo hacen muy bien. Es por eso que su mérito no es inventar o re-inventar nada, ni siquiera cristalizar una cierta verdad oculta del ser que hasta el momento haya quedado oculta —aunque, por otra parte, si alguien necesita descubrir ahora que la fiesta y la amistad van de la mano de la felicidad, quizás debería plantearse que hostias ha hecho con su vida hasta ahora—, porque tampoco les hace falta. ¿Quién quiere inventar algo nuevo cuando tiene en las manos la posibilidad de crear himnos inmortales aun cuando perecederos que hagan vibrar de la emoción a una generación que recordará con cariño sus efectos? Un auténtico artista, de acuerdo, pero The Draft no son artistas, son artesanos de la música: no buscan descubrirnos algo esencial sobre nosotros mismos, sino recordarnos con la mejor eficiencia posible algo que ya sabemos pero tendemos a olvidar; buscan alegrarnos la vida, no revolucionarla.

El mundo está tan falto de artistas como de artesanos, y por ello sólo cabe aplaudir la imprevisible audacia de The Draft. A veces no necesitamos radicales revoluciones del concepto, no necesitamos un sthendalazo que nos haga replantearnos toda nuestra existencia, porque a veces sólo necesitamos recordar lo más básico.

2 comentarios to “The Draft – In A Million Pieces (2007)”

  1. Enorme, como siempre, pero quiero hacer una puntualización sobre “grupo nacido de los restos de Hot Water Music”. ¿Hot Water Music lo han dejado? Porque me suena que no.

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