Burzum – Sol austan, Mani vestan (2013)

por Álvaro Mortem

M30775Uno de los principios esenciales del black metal, siempre mal interpretado, es su gravedad profunda que va más allá de toda posibilidad de ironía: un blacker no asume su posición como un juego irónico del lenguaje. Cuando en el género se defiende el neo-paganismo, la crítica al cristianismo, la vuelta a la tierra ancestral o la violencia como forma primordial de establecimiento de una comunidad auténtica, se hace con absoluta seriedad; morir o matar desde el black metal es una constante lógica, porque se establece como una visión —que no un filtro en tanto filosofía, pues los filtros son sólo propios de la ideología: en ellos sólo se ve lo que se desea ver— determinada del mundo. Ninguna otra tribu urbana, ninguna otra comunidad, ha sido coherente con su ideario hasta el punto de llevar la violencia descarnada hasta la sociedad —salvo, quizás, todo el movimiento industrial y neo-folk; algo tiene el neo-paganismo, la mitología sin religión—.

Cuando Burzum asume desde el principio que en Sol austan, Mani vestan abandona el metal para sumergirse en las gélidas aguas de un ambient instrumental lo hace no desde la pretensión de alejarse del canon estético establecido hasta entonces por sí mismo, sino para sumergirse de forma más profunda en él. Sol austan, Mani vestan es black metal en un sentido filosófico, que no musical. Es fácil comprobar cómo y por qué esto es así desde el mismo instante que, en un plano puramente estético, permanece sosteniéndose a conveniencia en algunos de los planos ya antes desarrollados al respecto de su proyecto: la formulación cuasi-romántica, una música que suena como una formulación venida del interior de la tierra —ya sea en un sentido prosaico, la belleza élfica de las zarabandas, o en un sentido profundo, la gravedad ctónica nacida de las profundidades terráqueas—, nos sitúa en la exacta posición en la que suponemos el discurso estético de Varg Vikernes: la búsqueda incesante de una conexión con la tierra a través de la articulación presente de los vestigios arcanos del pasado.

La pretensión de Vikernes en este trabajo es conseguir encontrar una puerta que permita traer la identidad nacida de la tierra hasta nuestro presente. Un gesto grandilocuente para un ideario excesivo, para un ideario propio del black metal; la absoluta ausencia de cualquier registro vocal se explica por la necesidad de ir más allá, de no ser suficiente con utilizar las lenguas modernas que conectaron con el ideario del pasado (el francés, el alemán, el noruego), sino la necesidad de conectar con la esencia misma del mundo pretérito, con el lenguaje de la tierra: la música. Es por eso que las canciones se las nombra, se las nombra a través de uno de esos lenguajes capaz de captar los matices del pasado, pero se las evoca en su musicalidad. Deshace el tiempo a través de la obliteración del lenguaje, buscando así la posibilidad de un encontrar el pasado en nuestro presente.

¿Qué pretende entonces Vikernes con Sol austan, Mani vestan? Crear un ritual neo-pagano por el cual pueda encontrarse el hombre ascendiendo hacia su posición divina, hacia su eidética potencia interior. Nada más. Es por eso que su gesto estético se va encaminando, como ya hemos visto, hacia esa pretensión de articular el significado ulterior del mundo a través de su conformación estricta de lo mítico renunciando a toda idea de lo religioso —pues no hay concreción o adoración a un dios, sino pretensión de alcanzar una divinidad emancipadora de toda religión—, conectando de forma pura con el universo y el mundo, con la tierra; su pretensión va más allá del hombre, se sitúa en medio del ser: no pretende volver hacia un pasado ya acabado, sino que pretende resucitar la esencia regidora que nos permitiría volver a ser poseedores de nuestra existencia a través de la conexión con el cosmos, con el mundo, con el mito. Ese es el paradigma, y la filosofía, del black metal. Por eso mientras algunos buscaban la destrucción del cristianismo como aquello que deniega toda existencia real, pues sublima la vida a la idea de la muerte —la vida es un valle de lágrimas, por tanto lo bueno empieza una vez muerto—, Varg Vikernes se decide por explorar la posibilidad de un ritual mitológico que permita conectarnos con nuestro propio ser, romper las cadenas impuestas por las ideologías, religiosas o políticas, del pasado.

El triunfo o fracaso del proyecto está más allá de lo que se puede juzgar. Lo certero de su éxito deberá ser juzgada por la conveniencia de éste para poder permitir una emancipación que, más allá de la ejemplar y fabulosa ejecución musical que de éste hace el más inquieto noruego conocido, deberá ser juzgada como posible sólo en el seno interior de cada uno. Porque de eso trata el black metal: de la búsqueda de la mayoría de edad kantiana, de la emancipación de todo pensamiento que nos ate impidiéndonos ser aquello que realmente somos en nuestro interior.

One Comment to “Burzum – Sol austan, Mani vestan (2013)”

  1. Siempre quiso hacer esto Vikernes en sus discos, y lo ha conseguido. Watain lo ha conseguido sobre todo en su The Wild Hunt y no pocos no quieren ver en ese disco un auténtico disco de Black Metal (que escuchen a Bathory).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: