Dead Raven Choir – My Firstborn Will Surely Be Blind (2007)

por Xabier Cortés

Dead Raven ChoirEmbarcarse en un acercamiento a la tradición puramente folk desde una perspectiva extrema —que no agresiva, extrema en el sentido de recopilar los elementos inherentes al folk y llevarlos al límite, a su límite— resulta excitante desde el mismo momento de concepción de la propia idea. Identificamos conceptualmente al folk con fundamentos concisos y claros como la pureza —por su sencillez en la forma, que no en el mensaje— y por esa, casi siempre, manifiesta conexión con el pasado. ¿Qué sucede cuando estos sencillos ingredientes sonoros en los que se asienta el folk se ven envueltos en una vorágine cercana al ruidismo más absoluto y demencial pero sin perder su principal seña de identidad? Amén de que se levanten unas cuantas cejas y comience la perorata habitual de bufidos y malinterpretaciones, el hecho de «ensuciar» esos sonidos pulcros y delicados no hace si no reafirmarlos en sus virtudes: lo arcano, lo antiguo, nuestro pasado como sociedad —por mucho que se empeñe la maquinaria hollywoodiense, entre otros, en mostrárnoslo de una forma naif y pueril en donde todo es bonito y etéreo— es en realidad sucio, despiadado y crudo. Dead Raven Choir ha sabido identificar este concepto y trasladarlo a My Firstborn Will Surely Be Blind; una particular colección de versiones canciones folk pasadas por el tamiz de los brumosos desvaríos lo-fi de este proyecto polaco.

Si algo ha caracterizado a Dead Raven Choir —y a su cabeza visible, Smolken, en particular— es la inmensa capacidad para desarrollar composiciones enmarcadas dentro del black metal pero con un espíritu inquieto por llegar mucho más allá en lo que sin duda se resuelve como un infatigable deseo de llevar al black metal a un nuevo estadio. El hecho de reinterpretar —decir que en este disco se realizan simples versiones sería injusto— en este álbum canciones de artistas folkies de la talla del filósofo gritón japonés, Kazuki Tomokawa, Townes Van Zandt —con una demoledora deconstrucción de su himno de 1969, Our Mother The Mountain—, una deliciosa y perversa reinterpretación del A Rosebund In June de Steeleye Span o la que recoge perfectamente el espíritu de este trabajo; Bluenose de Stan Rogers. Todas éstas apoyadas, por supuesto, por el enfermizo chelo disonante de Smolken resonando desde lo más profundo. Todo en My Firstborn Will Surely Be Blind emana un dulce hedor a tradición cruda, nos muestra la realidad de un pasado, el nuestro, que ha sido manipulado para poder ser asimilado por la maquinaria de la corrección política. Un pasado turbio, sucio, embarrado y ponzoñoso, pero no por ello carente de belleza.

Siempre que nos enfrentamos a un disco de «versiones» corremos el riesgo de toparnos con un trabajo vacío y sin alma. Lo que ha realizado Dead Raven Choir aquí es un complejo ejercicio de, por una parte, reinterpretación de viejos himnos y clásicos de la música folk y, hete aquí donde reside realmente el quid de este álbum, una reivindicación de esa misma tradición folk —me atrevo a afirmar que con un, en ocasiones, guiño al neo-paganismo— a través de una nueva evolución del sonido black metal.

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