Loreena McKennitt – The Mask And Mirror (1994)

por Xabier Cortés

Loreena McKennitt - The Mask And MirrorSe dice que no hay mejor cronista para analizar un periodo histórico concreto que alguien ajeno, geográfica y culturalmente, al mismo: un historiador que recoja la historia sin verse envuelto por el sesgo de vencedores y vencidos dará, en principio, una visión objetiva de ese periodo específico a retratar. En el caso que nos ocupa, la artista canadiense adalid de las nuevas músicas se marcó como objetivo homenajear la convivencia de civilizaciones —entendiendo por civilización el combo cultura y religión— en la Edad Media a través de ocho composiciones. Loreena McKennitt baluarte del folk de marcado carácter ancestral anglosajón y viajera incansable siempre en busca de la pura esencia de las músicas del mundo para llevarlas a su terreno, ha sabido analizar y asumir la historia de ese choque de culturas medieval para hacerlos uno y mostrarnos una versión enriquecida de un periodo complejo pero sumamente inspirador. Aceptemos pues esta invitación a sumergirnos en una historia en la que los muros se convierten en una bruma efímera para disfrutar de la belleza hecha música.

A lo largo de las canciones que componen este álbum se van desarrollando una amplia gama de registros vocales y sonoros que van desde el oscuro misticismo de The Mystic’s Dream, que abre el disco y que nos trae a la McKennitt más etérea, hasta las siempre presentes influencias celtas —y que son inherentes a la música de la compositora canadiense— con una importante presencia del folk eslavo, de la mano del alegre sonido de la balalaika en The Bonny Swans pasando por las raíces árabes de Marrakesh Night Market con unas inspiradas percusiones entre lo espiritual y lo tribal. Adentrarse en los mundos que se nos muestran aquí es dejarse llevar a la aventura, saborearemos deliciosos sonidos procedentes de los lugares más inhóspitos y lejos de quedar en una más o menos inspirada mezcla incongruente de sonidos —y, de paso, etiquetarlos bajo las siempre socorrida etiqueta de la fusión y tras la que se esconden auténticos insultos a la inteligencia—, la magia de McKennitt consigue hacerlos sonar coherentes, uniéndose  estas ramificaciones ancestrales, algunas de ellas antagónicas a su manera, a través de la música. Una música que se presenta sin artificios, tan pura como esas culturas ancestrales que toma como inspiración y que da como resultado un leve atisbo de esperanza para esta cada vez más maltrecha Humanidad.

La capacidad de Loreena McKennitt para crear estos mundos siempre entre los infinitos tentáculos de la historia, está fuera de toda duda, injustamente comparada con Enya cuando en realidad pocos son los elementos que compartan estas dos musas de las nuevas músicas; mientras la compositora irlandesa toma caminos siempre al borde de lo onírico y ensoñador, McKennitt siempre guarda el as del folclore más terrenal —aunque con una cantidad importante de escarceos al mundo de los espíritus— en su manga. Loreena te invita a embarcarte en un viaje del que no conocerás el destino pero del que seguro disfrutarás, un viaje en el que irás desde las costas de Irlanda hasta los Pirineos acompañado de los trovadores franceses para rápidamente viajar a lo largo de la geografía española, desde Galicia hasta Andalucía y cruzando hasta Marruecos para conocer qué es aquello que realmente refleja ese espejo que da título al disco.

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