Diamanda Galás – Defixiones, Will and Testament (2003)

por Xabier Cortés

diamanda-galas-defixiones-will-and-testament-stumm205-560x560Dar voz a los descastados, ofrecer a los olvidados un lugar en el que reivindicar justicia un púlpito en el que nos muestren una verdad oculta durante años por intereses políticos y/o económicos. La artista de origen griego Diamanda Galás siempre ha sido considerada la voz de los marginados —sólo tenemos que recordar sus trabajos editados en los ochenta en los que ponía en primera plana los estragos del virus del SIDA que ella misma había sufrido, no de forma directa sino en la carne de su hermano— y para esta ocasión, tras cinco años sin lanzar nuevo material, se propuso poner voz a las víctimas de los genocidios perpetrados por los turcos en Grecia, Armenia y Siria en el primer cuarto del siglo pasado. Polémico porque estos hechos han sido sistemáticamente negados por la llamada comunidad internacional y, salvo escaramuzas de periodistas independientes, nadie ha denunciado como se merece semejante barbarie. ¿Quién mejor para poner voz a las víctimas de estas atrocidades que la musa de los desheredados?

Diamanda Galás siempre ha navegado por la vanguardia pero siempre partiendo de una profunda raíz blues-jazz pero todo esto queda eclipsado por la prodigiosa voz de la diva que le acerca a la ópera desde un prisma experimental y nada ortodoxo. Aún siendo una excelente pianista, como así lo demuestra en varias de las piezas —en directo— de este álbum, la portentosa voz de Galás es capaz de hacer sombra a todo aquello que ose siquiera acercarse a ella. Sólo la voz, su voz, pierde protagonismo en contados momentos para dejar espacio a la reivindicación de la mano de escritos en diferentes idiomas que expresan —en ocasiones hasta la lágrima— el dolor, la pena, la ira por la que pasaron las personas que se vieron envueltas en las masacres a cuyas víctimas aquí se rinde un sincero tributo afianzando el aura ceremonial y, si se me permite, espiritual de esta obra. Evidentemente la voz, su voz, es aquí el maestro de ceremonias y, en las propias palabras de Diamanda Galás, se convierte en un poderoso instrumento de inspiración para sus amigos pero en un infernal instrumento de tortura para sus enemigos. Nos guía a través del horror, nos despierta de nuestro letargo y nos sitúa inmediatamente en mitad de la barbarie y nos obliga a mirar; aquí no vale girar la cabeza ni cerrar los ojos, los descarnados gritos de Diamanda son los gritos del exterminio y no podremos escapar de ellos, nos perseguirán y nos torturarán hasta el fin de nuestros días.

Sucumbir ante la obra de Diamanda Galás, rendirse ante la épica bien entendida en Orders From The Dead, ante la delicadeza de The Eagle Of Tkhuma, claudicar ante The Dance —la canción dividida en seis partes que nos da la bienvenida al álbum— arrodillarse ante la obra y asimilar su mensaje final: aquellos caídos en las masacres que se han llevado a cabo a lo largo y ancho de la Historia de la Humanidad no serán olvidados, jamás serán derrotados: La diva de los descastados no cejará en su empeño de que su memoria perdure a través de su música, arte que sirve a modo de recordatorio para recordar un pasado turbio y sucio.

One Comment to “Diamanda Galás – Defixiones, Will and Testament (2003)”

  1. Muchas gracias para este profundo escribiendo de Defixiones. Yo soy honrada.

    La compositora

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