Deafheaven – Sunbather (2013)

por Xabier Cortés

Deafheaven¿Hay lugar para la perfección dentro del black metal? Dentro del aura putrefacta y peligrosa que rodea a todo lo que huele a black metal, ¿hay reservado un espacio para la perfección? Una perfección entendida en términos abstractos y etéreos de felicidad a la que nos empujan a pensar que llegaremos sólo a través de la riqueza —representada aquí por una casa en la canción que abre el disco, Dream House— y de cómo, ese recorrido hasta esa perfección, hacia esa supuesta felicidad nos vuelve seres obsesivos mientras no somos capaces de valorar, ni siquiera apreciar, lo que tenemos a nuestro alcance porque no se parece en nada a eso que nosotros hemos decidido que nos hará felices. Sunbather de Deafheaven es un recorrido por todas nuestras miserias cotidianas para, finalmente, alcanzar la felicidad. Una felicidad sincera, profunda y alejada de ese falso espejismo de una perfección que nos es impuesta por agentes externos.

George Clarke y Kerry McCoy han echado mano a los elementos arquetípicos del black metal —y que tan bien explotaron en su debut, Roads to Judah—para construir ese recorrido tortuoso a través del cual pretenden, y ya os adelanto que lo consiguen y de qué manera, alcanzar una felicidad que parece que choca frontalmente con los estamentos más profundos del black metal. A esta misión se le une una pieza fundamental en el sonido de este proyecto de San Francisco, un elemento que que es el que nos abre los ojos, no empuja en la dirección correcta y completa el apasionado laberinto Sunbather: un delicioso toque shoegaze y unos marcados gestos post rock que se enfrentan de forma heroica al desenfreno guitarrero blackmetalero con ese sabor a los Emperor y Satyricon de mediados de los años noventa. Sunbather nos muestra el eterno conflicto por encontrar la perfección, una búsqueda que por momentos será aleccionadora, en otros se hará insoportable, encontraremos etapas  en esta misión en las que nos superará completamente, otras en las que nos convenceremos de que no existe esa perfección que tanto anhelamos pero aún así, no dejaremos de buscar. Sunbather habla de esto precisamente: los diferentes estadios a los que uno hace frente en pos de esa perfección que, parece, nunca llega y que al final, sólo al final, descubrimos que estaba ahí, a nuestro alcance. La propia estructura del disco —en la que encontramos canciones principales, las que llevan todo el peso black metal, y tres interludios en los que hallaremos las pruebas más ambientales y etéreas del álbum— ya nos invita a pensar en un viaje complejo y de múltiples altibajos emocionales y éste acaba por materializarse en cuanto los últimos segundos de la sugerente The Pecan Tree que cierra el álbum se van difuminando en el ambiente.

¿Pueden los pedregosos y afilados caminos del black metal encontrar un final en el que encontremos alguna suerte de felicidad? Arrastrarnos por los más profundos e infectos vericuetos de los infiernos es una condición indispensable para encontrar nuestra propia perfección. Una perfección que nos cegará al principio, que lo teñirá todo de un extraño color entre dorado, anaranjado y rosáceo —y que es justo aquí, en este punto, cuando comprendemos el extraño artwork que completa este trabajo— pero a la que poco a poco nos vamos acostumbrando porque que será nuestra, para siempre.

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