Miguel A. García – La Axacra (2013)

por Xabier Cortés

Miguel A. GarcíaQuizás no sea casualidad que este último trabajo del artista sonoro Miguel A. García haya aparecido en 2013, justo un centenar de años después de la publicación del manifiesto “El Arte de los Ruidos” de la mano del futurista italiano Luigi Russolo. Quizás tampoco sea casualidad que La Axacra reivindique un ruidismo diferente al que por definición nuestra mente asocia por defecto, un ruido alejado del frenesí extremo del japanoise más extremo y agresivo pero noise al fin y al cabo. Quizás tampoco resulte arbitrario que este nuevo lanzamiento sea uno de los trabajos más densos y complejos de la larga trayectoria de este manipulador sónico vitoriano. Quizás La Axacra tenga como objetivo no sólo atraernos hasta sus oscuros dominios y colocarnos en una posición en la que seamos capaces de asimilar todas y cada una de las texturas que se presentan ante nosotros, también tiene como misión descubrirnos un nuevo paradigma sonoro en la eterna búsqueda de la belleza de un artista —que es al final el verdadero sentido del arte— en el que ruido y oscuridad se dan la mano para alcanzar esa belleza siempre anhelada y pocas veces alcanzada. Claro que quizás, y sólo quizás, puede que el verdadero sentido de La Axacra sea jugar con nuestra mente y destrozar nuestras neuronas como sólo sabe hacer Miguel A. García.

La oscuridad que rodea a este álbum es densa y profunda, desde el misterioso nombre hasta los intrincados y complejos caminos que sus sonidos toman para llegar a nosotros. Las diferentes capas de las que se componen las seis canciones —llamarlo canciones sería aquí pecar de convencional, tratemos a cada una de estas seis partes como artefactos artísticos— se van desarrollando con una naturalidad pasmosa; cada sonido, cada nivel, cada textura, cada glitch que sigue al anterior resulta coherente pero inesperado, todo el devenir del disco resulta sorprendente pero, y teniendo en cuenta el mensaje/objetivo del mismo, nos damos cuenta de que el camino tomado es el único posible. Cada uno de estos artefactos se asienta sobre largos drones tenebrosos y sólidos en las que se nos van presentando diferentes ruidos y sonidos —field recordings que lo acercan a la musique concrète— en un continuo desfile oscuro. La Axacra nos muestra un mundo aterrador y asfixiante; desolador y demencial en el que la supervivencia de nuestra especie —y de todas las especies— peligra una vez alcanzado el punto de no-retorno. El ruido de La Axacra nos cegará y su oscuridad nos confundirá hasta el punto hacernos sentir totalmente indefensos ante la magnitud de los sonidos desplegados aquí.

Miguel A. García ha creado un aquelarre de sonidos brumosos, espesos e hipnóticos que nos absorben en su lento pero inquebrantable progreso sin que nosotros podamos hacer nada para evitarlo. Entrar en la particular idiosincrasia de este álbum es adentrarse en las raíces del ruido oscuro que profundizan hasta esos primeros años del pasado siglo XX y nos los sitúa, debidamente desarrollados y con la experiencia que da situarse cien años después de aquel ruido primigenio, en pleno siglo XXI.

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