Panic! at the Disco – A Fever You Can’t Sweat Out (2005)

por Álvaro Mortem

Panic! at the Disco - A Fever You Can’t Sweat Out (2005)

Aunque pueda resultar un contrasentido, en la música hay elementos ajenos a lo musical que nos permiten dilucidar la calidad intrínseca de un determinado grupo. Es por eso que no tenemos problemas en denostar un grupo por ser pijo o emo pero, en un sentido práctico, lo mismo valdría para ensalzar un grupo cuya teatralidad le lleva más allá de los lugares comunes de su género; si juzgamos la música con elementos extra-musicales, entonces la adecuación del mensaje con el estilo se convierte en el elemento determinante de juicio. O lo que es lo mismo, es mejor una buena idea coherentemente ejecutada en la música que una mala idea envolviendo una ejecución técnica perfecta.

En el caso de Panic! at the Disco se encontrarían en una doble divergencia: a priori son considerados un grupo sin valor al ser circunscritos dentro de una tradición que pasaría de Green Day hasta My Chemical Romance; a posteriori, después de hacer un eficiente juicio crítico, nos percataríamos de que la profundidad estilística de un disco como A Fever You Can’t Sweat Out está en otro nivel de significación al de sus coetáneos. En lo estrictamente musical no nos resultaría difícil rastrear, más allá de la base eminentemente pop, una evidente influencia en la forma por parte de Fugazi además de un sentido del ritmo lírico digno del mejor Beck; en su desarrollo de ideas, nos encontraríamos las clásicas historias de chico-chica del género con una agradable vuelta de tuerca: todo su acercamiento parte de una cierta distancia no-irónica, teatral. Las historias de amor se convierten en festivas auto-flagelaciones que parten de soliloquios intelectualizados que adquieren su sentido sólo en tanto comprendemos que su musicalidad reside, precisamente, en lo teatral del planteamiento. A Fever You Can’t Sweat Out es una bella impostura, un teatro de máscaras musical.

La premisa a partir de la cual se debería comprender la opera magna de Panic! at the Disco sería la del juego: juguetean con la música, las ideas, los clichés, para llevarlos más allá al ser sólo un primer acercamiento como máscaras: la auténtica identidad de éstos se esconde en las acciones que se dan en el inflamable juego que acontece en su conjunto. Si se entiende desde el prejuicio, es un disco más; si se entiende desde el virtuosismo, es un disco bien pulido; pero sólo si se entiende desde el juicio estético absoluto, se comprende que es una pequeña gran obra maestra de la escenificación musical. El asalto al Palacio de Invierno de Ryan Ross es el segundo momento del sentimentalismo de su género: si primero fue como tragedia en My Chemical Romance, con Panic! at the Disco ya ha conseguido definirse como farsa. Una farsa no entendida en su sentido peyorativo, sino en el teatral: es el momento en el cual la extravagancia en su forma más pura ha entrado en la representación de lo real. He ahí que van más allá de la música, más allá de la forma sin fondo.

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