Pyramids – Pyramids (2008)

por Xabier Cortés

PyramidsUna de las características principales que se encuentran —o deberíamos encontrar— en un artista que quiera ser considerado como tal, es su capacidad para explorar sus límites como creador y los propios límites del género al que estuviera adscrito. Se ve así el artista convertido en una suerte de visionario, no sólo como canalizador de unas ensoñaciones sobre el futuro de algo tan complejo como la especie humana o el Universo, también de adivinar el devenir de su propia música, de su propio arte. Como hace el escritor de ciencia ficción, como hace el steampunk —cuya única relación con el álbum que hoy nos ocupa es tangencial en tanto en cuanto el steampunk se aventura a reinterpretar un futuro diferente tomando como base elementos del pasado, la generalización de las máquinas de vapor sobre otros todos los demás artilugios mecánicos— cómo es capaz de seleccionar una serie de objetos, sonidos, componentes y construir con ellos una visión sobre su propio futuro. Pyramids se convierte con este disco homónimo en ese visionario y nos emplaza a compartir su visión sobre su propio futuro.

Pyramids echa mano de varios elementos sonoros de géneros que se demuestran afines y que van desde el drone hasta el black metal pasando por los etéreos pasajes del ambient hasta los frágiles desarrollos del shoegaze. Hace suyos estos elementos para mostrarnos una visión de lo que ellos entienden por su futuro; un futuro incierto, misterioso, plagado de oscuros guiños pero que a la vez se nos presenta como un futuro que rápidamente acertamos a visualizar una serie infinita de estructuras angulosas formadas por cristales de colores claros y etéreos. Pyramids suena ajeno a todo pero familiar al mismo tiempo, puede ser una oda a una galaxia lejana igual que se convierte en una pieza sonora que no reconocemos, un alienígena en una Tierra devastada y vacía. Las diez canciones que componen este álbum —sin contar aquí los nueve remixes y reinterpretaciones realizadas por gente como Jesu, Blust Aus Nord, James Plotkin (Khanate) o Loveliescrushing, entre otros y que acompañan a las canciones a la vez que nos dan pistas sobre la particular esencia de Pyramids— se desarrollan siempre con la mirada puesta más allá, queriendo alcanzar los límites que cada uno de los sonidos les permiten y muchas veces sobrepasando esos propios límites —para bien, se entiende— como en la majestuosa This House Lis Like Any Other World o en el frenesí disonante de Ghost y siempre acompañado con una voz etérea que se confunde entre las numerosas capas de cada canción, pero que se nos resuelve como imprescindible para completar este aura etéreo-alienígena que emana el disco.

Pyramids, consigue aquí reunir los pasajes espaciales de Tangerine Dream con esa intensidad tenebrosa y depresiva del black metal usamericano á la Xasthur todo ello asentado en unos drones lo-fi densos, sencillos y casi místicos que aceptamos como directamente traídos de otra galaxia para nuestro goce y disfrute. Pyramids nos quiere hacer partícipes de su propia visión sobre (su) Futuro y convertirnos así en un instrumento más del mismo.

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