Night Sins – New Grave (2012)

por Xabier Cortés

Nigh SinsLa nostalgia puede ser un punto de partida más que interesante sobre el que asentar los cimientos de un proyecto musical, sobre todo en el caso de la escena post punk. El resultado de estos experimentos de añoranza se divide en dos simples figuras; por un lado tenemos a esas bandas —en el sentido más peyorativo de la palabra— que se limitan a repetir esos desarrollos añejos que pretenden homenajear pero que al resultar un simple ejercicio de imitación pierde toda su razón de ser y carece del espíritu al que se supone quiere rendir tributo convirtiéndose en un pastiche insalubre. En el otro extremo, encontramos a esos proyectos que no sólo son capaces de saber reproducir aquellos sonidos y aquellas atmósferas características de ese movimiento concreto en el que se ven reflejados, también son capaces de mimetizarse perfectamente con la particular idiosincrasia de aquellos años y trasladar esa decadencia y esa oscuridad a la actualidad. Con este New Grave de los americanos Night Sins nos encontramos ante un disco que ha sabido retroceder hacia aquellos años ochenta del post punk y el darkwave para traerlo directamente al siglo XXI.

Oriundos de Filadelfia —con lo que se explica esa capacidad para trasladar los ambientes brumosos y oscuros a su sonido— y provenientes de la escena hardcore punk, Night Sins con este primer trabajo se ha apoderado del espíritu de unos Sisters Of Mercy y unos The Mission para completar esta coherente colección de canciones. Unas composiciones cuya base se asienta en unas líneas de bajo contundentes y que serían capaces de hacer esbozar una sonrisa de aprobación en los gélidos rostros de los mismísimos Fields Of The Nephilim. Con una idea tan clara de por donde se debe desarrollar su discurso, con unos cimientos bien equilibrados y que arropan perfectamente los desarrollos de las guitarras y a las melodías vocales profundas y, otra vez más, con esa reverberación añeja —y un chorus loco, para qué negarlo— á la Andrew Eldritch, el único elemento que faltaba aquí eran unas líneas de sintetizador que acabaran por redondear la melodía y, por supuesto, ahí están. Sintes que van desde el drone hipnótico que pasa casi desapercibido en Playing Dead hasta el inmenso trabajo melódico en Shoot Me Up que conserva toda las particularidades de aquellos oscuros ochenta y nos absorbe en las calles grises y desconchadas de una Filadelfia decadente, pero que podrían ser perfectamente las calles adoquinadas de Manchester, por ejemplo.

New Grave es un completo ejercicio de nostalgia coherente y muy bien ejecutado, un viaje a ese espíritu goth primigenio y sincero, ese goth sincero y totalmente alejado de eso que se ha dado a entender ahora que es la cosa gótica —ese desfile de freaks adolescentes pertrechados con parafernalia de Alchemy Gothic, New Rock y disfraces rozando los límites de lo hortera pero por fuera y siempre en un estado de perpetua, y falsa, melancolía—. Night Sins reivindica esos tiempos de postpunk, darkwave y goth en los que la música era lo primero —aunque la estética le seguía de cerca— y no al revés. In Goth We Trust.

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