Erik Satie – Trois Gymnopédies (1888)

por Álvaro Mortem

Erik Satie Trois Gymnopedies (1888)Cuando hablamos de música ambient, siempre partimos de la idea de su inexistencia de forma anterior a la irrupción de Brian Eno como el huracán paisajístico que cambio la concepción profunda de la música. Sin embargo, existen precedentes mucho anteriores. La música de mobiliario, aquella música que se creaba no para ser escuchada sino para acompañar un determinado lugar —lo cual es de por sí paradójico, porque si se escucha fuera de su espacialidad nos evoca ese lugar—, sería el precedente exacto a partir del cual podría entenderse el nacimiento del ambient como género; si Brian Eno creó la música del no lugar, del aeropuerto, Erik Satie creó la música del lugar, de la festividad.

Trois Gymnopedies es una serie de tres variaciones donde predominan las disonancias contra la armonía, las cuales provocan una cierta sensación de melancolía. La profunda tristeza por un tiempo olvidado. Un piano desnudo de toda afectación nos va llevando por una serie de cambios mínimos que sólo pueden apreciarse si se entienden las tres canciones no como una disposición de varianza, sino precisamente como una misma melodía que se deriva en tres iteraciones distintas que deben ser escuchadas a la vez; el sentido de Trois Gymnopedies nace de la particularidad de saltarse a la torera ya no las bases de la música de su tiempo, que también, sino de la capacidad auditiva humana misma: nos exige escuchar tres variaciones distintas a la vez como si fueran una. Ante la imposibilidad física de desentrañar el hipotético barullo que supondría poner en común las tres variaciones, lo que nos exige Satie es un ejercicio puramente intelectual: o aceptamos la música como un mero acompañamiento espacial o hacemos de la música un espacio que debemos transitar a la luz de sus otros espacios superpuestos.

Es (físicamente) imposible escuchar Trois Gymnopedies como un todo. Nuestra mente puede reconstruir su melodía hasta cierto punto, descubrir los cambios de grado y tono, apreciar las diferencias en disonancia y ritmo, pero no podremos escuchar literalmente las tres variaciones como una; al no existir una melodía base, una de la cual parten todas las demás, toda reconstrucción del espacio imaginario que construye Satie es una interpretación personal que hace cada individuo de la canción. Eso explicaría también que todas las versiones que podemos encontrar del tema nos resultan siempre extrañas, epatatantes, desquiciadas: han construido un espacio que respeta la familiaridad de la base imaginada, pero ha cambiado todo orden mobiliario. El espacio es su propia posibilidad de descomposición primordial. Por eso adelanta no sólo el ambient, sino todo el pensamiento y arte futuro del siglo XX: sólo queda interpretación, pensamiento, percepción, y una pequeña brumosa parcela de aquello que podríamos denominar como inmutable.

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