Autechre – Exai (2013)

por Xabier Cortés

AutechreEl principal «problema» que existe en Autechre reside en nosotros, los receptores. El freno es nuestra incapacidad para comprender la magnitud de su sonido. En otras palabras, Autechre se adelanta años, cuando no décadas, a nuestro tiempo, a nosotros mismos —simples humanos— y requiere por nuestra parte un intensivo ejercicio de abstracción para simplemente comprender, aunque sea a un nivel básico, la dimensión que alcanza y en la que se sitúa este dúo de Manchester. Crearon un nuevo lenguaje musical en el que no existían fronteras, todo era posible. A mediados de los noventa, lo abstracto era llevado al género de la electrónica para elevarlo a un nuevo estadio; se alejaba de los ritmos cómodos, de las melodías reconocibles y exploraba unos sonidos desconocidos hasta entonces. Conviertieron así los errores, glitches, rupturas e interferencias en parte de su discurso, en un elemento más a explotar y con el que encauzar su propia y peculiar visión del arte. Autechre, junto con Aphex Twin, es la música del Futuro y así lo vuelven a demostrar en Exai.

Desarrollos sonoros cercanos a su Confield, elementos que nos harán retroceder a la época del Gantz Graf —pero siempre con la mirada puesta más allá, sin caer en vicios pasados se reúnen aquí para generar una suerte de universo propio, o mejor dicho, desplegando más las fronteras que ellos mismos van explorando disco tras disco. Los glitches se fusionan con drones y con unos gestos ambientales cargados de dramatismo y cierto regusto jazz; bucles hipnóticos y desquiciados que junto con las sempiternas percusiones mecánicas y frías forman un conjunto sólido y abstracto que parecen provenir de un lugar ajeno a nuestra comprensión y de un futuro lejano que no somos capaces de imaginar. Interacciones imposibles entre los ritmos sintéticos y las formas orgánicas se resuelven aquí —como sucede en T ess xi, por ejemplo— con sencillez y con unos recursos que sólo saben exprimir unos pocos elegidos, sólo unos pocos pueden hacer retorcerse al sonido de esta forma tan literal y salvaje para crear una obra coherente, compleja, abstracta y terriblemente icónica. Este Exai —todo Autechre, en realidad— es el dominio del fuego, la invención de la rueda, es Gutenberg y la imprenta de tipos móviles, es Mozart, es Armstrong pisando la Luna en 1969; llegará el día en el que comprenderemos, como especie, la importancia del trabajo de Rob Brown y Sean Booth; la Historia los contemplará como los visionarios que eran y lo adelantados que estaban a su tiempo.

Exai es la última muestra de unos Autechre ambiciosos y, por supuesto, tampoco es casualidad la exagerada duración del mismo. Autechre nos reta aquí a esforzarnos -más si cabe- para comprender la totalidad del álbum. Un sutil golpe en la cabeza con un martillo neumático hacia los productos musicales fastfood de fácil ingesta pero de imposible recuerdo. La abstracción a la que nos invita este dúo inglés requiere mantenernos enfocados en una sola tarea durante dos horas, algo que parece complicado, cuando no imposible, en una sociedad en la que la prisa y la falta de reflexión hacia cualquier estímulo campa a sus anchas. Por supuesto, el esfuerzo al que nos obliga Autechre tiene recompensa, nos permite asomar la cabeza al Futuro en su forma más intensa. Todo esto es Autechre.

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One Comment to “Autechre – Exai (2013)”

  1. Muy buen artículo… he disfrutado leyéndolo

    Lo cierto es que aún no he escuchado este disco, ya que descubrí este genial grupo hace menos de lo que me gustaría confesar y todavía estoy recorriendo la senda de sus discos en sentido ascendente con la intención de acercarme poco a poco a sus conceptos y sus sonidos. Lo cierto es que de momento se encuentran en la cima de lo que ando escuchando en estos meses…

    Me gusta del artículo especialmente la mención que haces, ya que estoy de acuerdo al 100%, sobre el tema de la memoria, la música de Autechre es música electrónica perdurable, compleja y rica, más dificil de digerir, pero con la capacidad de seguir sonando bien 20 años después de ser parida (lo que hace del genial “Incunabula”).

    Música que merece como dices una dedicación, que no puede ser escuchada de rato en rato y de canción en canción, en esto hay que sumergirse…

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