Ai Aso – Chamomile Pool (2007)

por Álvaro Mortem

Ai Aso - Chamomile Pool (2007)Cuando hablamos de cierta clase de música que se prodiga más por aquello que pretende transmitir que por el hecho mismo de su virtuosidad, lo sentimental se torna tan decisivo como lo sensorial a la hora de concebir el desarrollo de una canción; ningún sentimiento puede estar desvinculado de lo fenoménico. Cuando incitamos cierta clase sensaciones aludimos necesariamente a los sentimientos de quienes los perciben, y no podemos desatender tal responsabilidad. Si invitamos al otro al espacio de la ternura, debemos corresponderle con la reproducción más exacta posible de la misma.

En este sentido encontraríamos la genialidad de Ai Aso, la cual articula todo Chamomile Pool, tras la lógica de su dulcísima voz: una voz que planea sobre unas sencillas melodías que apenas si esbozan unos sentimientos desnudos más grandes que la vida. Su música es como un susurro al oído, un minimalismo ejemplar, que se desarrolla en su sentimentalismo obsceno. Sin embargo en lo instrumental es donde va encontrando el modo de ir explorando los diferentes límites de su obscenidad amorosa, lo cual le conduce desde los registros más propios del dream pop más sutil hasta campos fecundos para la experimentación del rock psicodélico; ¿qué queda entonces de común en un conjunto que se presenta como dispar en su ejecución? La fantasmática voz de Ai Aso, susurro de la nostalgia, que acompañan cada instante del proceso. Un disco erigido sobre un lecho de pétalos de melocotonero, una bañera de sakura que encuentra su belleza en la saturación de lo sutil que infecta la totalidad de su conjunto.

El trabajo de Ai Aso es suave, dulce, táctil, como las sensaciones de una piscina de camomila que nos promete desde el título. Cada una de las canciones se asemeja a una caricia, a un toque, a un beso, a pequeños gestos que a priori poco tienen que ver con la música —porque aquí el manido recurso de la sinestesia no vale, pues transmiten el tacto a través del oído por asociación de conceptos y no confusión del epifenómeno— hasta que nos percatamos que están ahí. Ai Aso nos rebasa con su ternura. Por eso cualquier acercamiento hacia Chamomile Pool no debe ser el del amante que espera darlo todo, sino el del ser amado: aquel que no espera nada, pero se encuentra recibiendo todo por parte del otro. Si aceptamos ese papel, si nos dejamos embadurnar de un sentimiento que no nos exige réplica, podremos comprender la majestuosa suavidad que inunda cada recoveco de una obra llamada a la sutil fisicalidad de un suspiro.

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