Splatterpunk ‎- Channel 83 (2009)

por Álvaro Mortem

Splatterpunk ‎- Channel 83 (2009)Salir de la zona de comodidad, aquel punto donde sabemos que nuestras acciones resultan tan naturales como funcionales, es un proceso lógico si se pretende firmar algo auténticamente valioso más allá del regurgitar la retromanía propia de aquel demasiado apegado a una tradición que no entiende. Estancarse dentro de aquellos lugares ya conocidos nos arroja hacia la mediocridad. Es por eso que es de valorar cuando un artista decide asumir riesgos, llevar más allá los límites lógicos de un género que se ha caracterizado con el tiempo en su propio mirarse el ombligo ajeno al mundo; a veces es suficiente con apostar por ver las cosas desde otra perspectiva, con nuevos referentes en mente, para obtener algo de valor.

Channel 83 casi podría considerarse una explícita versión musical de Videodrome —y si quisiéramos hilar fino, quizás demasiado fino, podríamos aducir que de hecho la película de Cronenberg es del 83— por como define su forma: composiciones crudas, afiladas, con un sentido rítmico basado en la brutalidad arbitraria bien tamizado por unas voces que laceran el conjunto en la mejor tradición de Skinny Puppy. Cada minuto de escucha es como estar ante un ejercicio de denuncia descarnado, una paliza sensorial que pretende mostrarnos todo aquello que en el mundo ya no funciona. Su violencia es ilustrada. Por ello es interesante ver como el desarrollo se define a partir de intentos, en la mayoría de casos bien logrados, de introducir dentro del discurso básico del EBM una serie de elementos ajenos, aunque tampoco en las antípodas del mismo, como podrían ser elementos más próximos al industrial o, incluso, al IDM, detalles à la Kraftwerk incluidos. Todo ello sin perder ni un ápice de capacidad de sacarnos a la pista de baile, de obligarnos a enfundarnos las botas para pisar las cabezas de nuestros enemigos.

Nada de ésto significa que haya una gran originalidad en Splatterpunk, porque tampoco la necesita: su ejercicio de estilo es tan sólido, tan bien fundado dentro de una capacidad mesmérica de fascinación, que se justifica por sí mismo como un asalto suficiente a la tradición. Y lo sería aunque sólo fuera por su elegante vindicación socio-política, por su descarnado conceptualismo cyberpunkhigh tech, low life podría haber sido otro nombre perfecto para el disco—, por su capacidad para mostrarnos el EBM como una psicotrónica herramienta de combate aun perfectamente funcional para sus propósitos, como antes hicieron los mejores grupos clásicos del género. Todo ello acompañado de una epatante capacidad de hacernos bailar al son de samplers de José María Aznar afirmando tajantemente que en Irak hay armas de destrucción masiva, lo cual no deja de ser el aterrador signo de los tiempos.

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