OSI – Office Of Strategic Influence (2003)

por Xabier Cortés

OSIEl carácter especial del rock/metal progresivo quizá sea el culpable de la proliferación de una suerte de engendros —las superbandas— en las que, a priori, su objetivo no está debidamente definido. Porque, ¿qué sentido le podemos encontrar en este tipo de lanzamientos sino es el de servir como mero entretenimiento para los propios implicados en el mismo? ¿Seremos capaces de encontrar algún atisbo de empatía hacia nosotros —simples oyentes— por parte de estos gigantes del virtuosismo? Lejos de caer en una recopilación de intrincadas y virtuosas canciones de tediosa duración compuestas para satisfacer los diferentes egos que se dan cita en ese rendez vous de músicos, este disco de O.S.I. que hoy nos ocupa demuestra un interés sincero por mostrarnos algo más, algo diferente. No estamos frente a una reunión de colegas en las que dar rienda suelta a sus egos musicales desmedidos, los cuatro personajes que componen esta oficina de influencia estratégica tienen algo que contarnos, tienen algo más que contarnos y así lo reflejan en este Office Strategic Influence.

La presencia de Kevin Moore, ocupándose aquí de las voces también, y Mike Portnoy —dos de los pilares que sostienen este proyecto junto con Jim Matheos y Sean Malone— hará que inmediatamente recordemos su periplo musical por los ínclitos Dream Theater más por nostalgia que por el sonido ya que si bien la influencia, aunque sólo sea tangencial, del quinteto de Long Island se encuentra en la mayoría, por no decir todos, de los lanzamientos que se engloban dentro de la vertiente más progresiva del metal, el propio Moore se encarga aquí de impregnar a las composiciones de O.S.I. de un espíritu jazz y un aire electrónico que tan bien explota en su proyecto Chroma Key. La presencia aquí de miembros de dos de los grandes referentes metalero-progresivos nos podría servir de aviso para anticipar lo que vamos a poder encontrar en este álbum, claro que estaríamos cometiendo un error, OSI huye con desaforado ímpetu del sanbenito de superbanda de metal progresivo para ofrecer algo que va mucho más allá —mucho me temo que gracias a la influencia de Moore—. Si bien el comienzo, con un impresionante hit instrumental á la Dream Theater de la época del Awake nos puede reafirman en nuestras erróneas pretensiones para con este disco, el desarrollo del mismo nos hará sonrojar y nos obligará a asumir a nuestro error. Desde el metal progresivo con el que comienza el álbum hasta el reverberante y mecánico ritmo motorik en Horseshoes And B-52’s que lo acerca a terrenos kraut rock interesantísimos pasando por una exquisita pieza que se sitúa en esa fina línea que separa el rock del metal proggie, que sirve de expositor para la colaboración de Steven Wilson y que irremediablemente suena a Porcupine Tree, como no.

Va a ser verdad aquello de “great minds think alike” y al juntarse estas cuatro mentes de capital importancia dentro de la escena progresiva se hicieron una pregunta: ¿Qué podemos hacer, podemos ir más allá sin caer en la autocomplacencia? Y, efectivamente, lo han logrado. Y de qué manera.

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