La Unión – Mil Siluetas (1984)

por Álvaro Mortem

La Unión-Mil Siluetas (1984)Aunque el pop español siempre ha tenido un lugar preeminente en las luchas intestinas extra-musicales, la calidad y diferenciación que consiguió con respecto del pop americano o la chanson francesa es algo que ya parece perdido para siempre —salvo porque, por fortuna, aun nos quedan los siempre ninguneados Astrud. Es por eso que resulta particularmente sangrante que haya grupos que parten de la idea de estar desfasados o carecer de alguna clase de interés particular en su sonido, siendo que en el pop es donde, musicalmente, nuestra patria ha conseguido articular sus más interesantes discursos a finales del siglo XX. Le pese a quien le pese.

La Unión nacen del conflicto entre Alaska y los Pegamoides con Mecano, esa surrealista lucha entre fans consistente en pretender haber encontrado una autenticidad de las cuales los otros carecían por cuestiones peregrinas. ¿Y donde se sitúa La Unión en tal conflicto? Aunque popularmente se les ha considero del lado de los segundos, estarían más próximos de la primera: embebidos de la movida, sus formas articulan un pop con tintes new wave —pensando con ello más en los New Order aun próximos al post-punk que, digamos, los devaneos electrónicos de Orchestral Manouvres in the Dark— que rescatarían un sonido que iría desde Gabinete Caligari hasta algunas concesiones que podrían considerarse próximas a Parálisis Permanente. Es así como consiguieron que en su primera referencia, este Mil Siluetas, se definiera casi por completo por la imposibilidad de no encontrar una canción que no pueda considerarse un himno pop en sí mismo; desde Sildavia hasta Lobo hombre en París pasando por Cabaret, el disco nos asalta constantemente con temas donde nos demuestran un gusto exquisito para las letras —heredado de su gran inspiración literaria: Boris Vian— sólo comparable a la calidad de sus lineas de bajo y sus arreglos electrónicos.

El disco más que pop, podría considerarse lindante al post-punk menos recrudecido de la época. Un hito vibrante, colorido, pero con un toque oscuro que va cabalgando todo el conjunto en una mezcla singular de una calidad arrolladora; no son Joy Division ni lo pretenden, pero consiguen hacer del post-punk, más como influencia que como hecho, una posible derivación pop digerible para el público general. Tan digerible como para vender 200.000 copias de su primer single. Por eso no debería sorprendernos la excepcionalidad brillante de su carácter, la brillantez melancólica con la que se desarrollan sus melodías, el germen de oscuridad que acaba floreciendo en una dulce tristeza propia del pop posterior que ellos mismos influenciarían; el pop español del siglo XXI es impensable sin la unión. Es por eso que Mil Siluetas es un disco que sigue vigente y que, a diferencia del resto de discos del grupo, consiguió redefinir con éxito la forma de pensar el español patrio. Y no sin razón.

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