Beck – Mellow Gold (1994)

por Álvaro Mortem

Beck - Mellow Gold (1994)Si se pretende tener un gran final, lo mejor es comenzar con un buen principio. Una presentación fallida, sea de un trabajo particular o de la obra general de un artista, será algo difícil de corregir por excelente que sea todo lo que venga después de ésta; un comienzo agradecido, nos conmina a ser más receptivos. Quizás por eso lo mejor de un trabajo siempre se concentra en sus primeros minutos. Bajo esa premisa deberíamos entender entonces la importancia de fijarnos en los principios y no sólo en los finales, pues en ellos ya se encuentra ese desarrollo particular a través del cual podremos juzgar la evolución posterior hacia su destino. Porque aunque parezca una obviedad, demasiadas veces nos olvidamos de la importancia de un buen comienzo.

Mellow Gold no es sólo un buen comienzo en el mainstream para Beck, sino que el disco en sí ya tiene una excelente puerta de entrada en Loser —la cual conquistaría todas las listas musicales del momento a lo largo del mundo, aunque no batiéndose primero en ninguna. La semilla ya estaba puesta. Por eso no nos extraña que su folk descastado, con profundas raíces lo-fi, siga evolucionando partiendo de la premisa de una sencillez pop atronadora que no es tal: los niveles de experimentación de Beck en este trabajo son modestos, pero francamente sustanciosos. Lo mismo salta con la harmónica que con fórmulas más próximas al noise, con la intención de articular un discurso de melosidad dorada; los efectos psicodélicos se dan la mano de un uso rítmico excepcional mientras va saltando entre diferentes formulaciones sólo comprensibles desde dentro de su mente. Una locura inaccesible que, sin embargo, nos suena como una constante digerible dentro de su lógica subyacente. Es raro, pero lo entendemos.

El mayor logro de Beck en Mellow Gold sería precisamente el seguir articulando esa sencillez espuria, esa sencillez que no es tal, la complejidad suprema de una composición que se articula como una lógica cuántica —pues aquí la anomalía es parte coherente del discurso, no un error—, que tan bien había llevado a la práctica hasta el momento. Mellow Gold es el primer canto de cisne de un coro de cisnes chillando abstraídos en la noche; es un momento de verdad, pero no toda verdad posible: en Beck aun quedaba muchísimo por desarrollar. Por eso es comprensible que, incluso cuando el trabajo está perfectamente cerrado en y desde sí mismo, podemos encontrar pequeños guiños y desarrollos de otros particulares desarrollados después; incluso cuando está incompleto, cuando le falta un pequeño giro o cambio para terminar de perfeccionarse, en su imperfección suena a perfección. Quizás por eso nos guste Beck: la familiaridad con la que nos trata es la del accidente, la del objeto encontrado, de la recomposición constante de una lógica demasiado humano. ¿Cómo no amar a Beck si nos recordó, y nos sigue recordando, qué es el arte auténtico?

Etiquetas: , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: