Those Poor Bastards – Behold The Abyss (2012)

por Xabier Cortés

Those Poor BastardsNo es la primera vez que defendemos en esta santa casa la capital importancia de esa capacidad que debe poseer la música para recrear parajes visuales en los que encontrarnos frente-a-frente con aquello que el artista ha querido crear y reflejar en su obra. Estas imágenes pueden presentarse nítidas y cristalinas pero también borrosas y oscuras obligándonos a dirigir todos nuestros esfuerzos para terminar de comprender —y clarificar— los parajes que esa música construyen en nuestra mente. Ocurre con este dúo usamericano, y con algún que otro proyecto musical enmarcado dentro de la llamada de la new weird america, que todo lo que percibimos está velado por una rústica capa de óxido y polvo del desierto, una capa que, al contrario de lo que podría apreciarse, no impide que la imagen sea clara y ni siquiera necesitaremos que éste se asiente para comprender la magnitud de la desolación del paisaje que se nos muestra. Cálzate las botas de montar, ármate con una navaja de muelle, ponte el sombrero y adéntrate en el calor y la sordidez de Behold The Abyss, de Those Poor Bastards

En Behold The Abyss se nos retrata a Edgar Switchblade; un grotesco personaje con pezuñas (¿?) acompañado de un caballo antropófago y que se balancea sobre esa fina línea que separa a un predicador fundamentalista cristiano de un psicópata sin remedio. Autodenominado hitman de Dios, caníbal, misántropo y esquizofrénico que mantiene que el propio Dios es el que le señala los condenados —fantasmas, ghouls, hombres lobo y demás caterva sobrenatural— a pasar bajo su ley. Las trece composiciones que completan este álbum son una invitación a seguir las aventuras de este carismático y enfermizo personaje por los páramos desolados del far west en forma de zarpazos death country con innumerables guiños a la música gospel y un marcado espíritu oscuro e industrial. Desde el litúrgico órgano que acompaña a He Of Cloven Hoof hasta el costumbrismo enfermo de Find Me A Gal todo en este Behold The Abyss está rodeado de una mugrienta capa que resulta irresistiblemente adictiva. Piensa en el country de Hank Williams III encontrándose cara a cara con Rob Zombie, en su faceta de cineasta freak y sangriento, mientras comparten ese brebaje insalubre de destilación ilegal llamado moonshine en alguna mina abandonada en mitad del desierto y te acercarás al sonido de estos enfermizos rednecks oscuros.

Con paso firme pero cansado, suplicando por un vaso de agua a la vez que evitas tropezar con los cadáveres de extrañas criaturas del inframundo desparramados por el camino y vigilas tu espalda para no encontrarte con tu destino avanzas por el abismo que han tenido a bien recrear estos pobres bastardos. Adentrarse en los excesos de Switchblade y salir indemne se convierte en una tarea prácticamente imposible, dejémonos pues vencer por los hipnóticos pasajes de los Those Poor Bastards una vez más y veamos a dónde nos llevará esta vez su delirio country enfermizo.

 

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