Omar Rodríguez-López – Old Money (2009)

por Álvaro Mortem

Omar Rodriguez Lopez – Old Money (2009)El dinero viejo, aquel que ha sido heredado con una determinada tradición asociada, es un lugar común dentro de lo económico que tiene un evidente correlato dentro de lo cultural. Aquellos que vienen de la cultura oficial, de eternas dinastías literaturescas —y no necesariamente familiares, la simple adscripción férrea dentro de éstas podría considerarse como herencia—, están circunscritos no sólo dentro de una rica herencia, sino también de una serie cuasi infinita de tradiciones; el que viene auspiciado por el valor del padrino, también debe simular los ademanes del patrón. Por eso el dinero nuevo, por contraposición, sería aquel que no está atado hacia ninguna forma particular de tradición, sino que puede acostarse con las posibilidades de ambos mundos: al no tener tradición, puede hacer lo que le venga en gana. O esa es la teoría.

El caso de Omar Rodríguez-López es singular por todo lo que tiene de anidar entre dos mundos: su pasión es un abolengo antiquísimo y hermético, aquel que acontecería en el rock progresivo, aun cuando se ve tamizada por una irrefrenable necesidad de experimentación que va más allá de los límites lógicos de la cultura oficial. He ahí que entre precisos desarrollos de escalas de color, podemos encontrar desviaciones hacia el ruidismo o, en el caso más patente de éste trabajo, una cierta consecución del estilo compositivo del cartoon clásico: el único límite que existe para el puertoriqueño, es la posibilidad de lo que es capaz de concebir. Por eso el trabajo parece más una caótica jam session que un disco concebido como una unidad férrea, lo cual es maravilloso. En cada ocasión salta hacia donde le interesa y como le interesa, concibiendo sus límites sólo desde el interior de lo que es admisible a partir de lo acontecido hasta el momento; hay una unidad estilística inquebrantable, un sonido-Omar puro, pero no un corsé a partir del cual contenerlo.

Más desbocado que con The Mars Volta, y seguramente beneficiado de la total ausencia de voces en el conjunto, lo fascinante de Old Money es ver como aun situándose del lado de una tradición con unos límites radicales, es capaz de flexibilizarlo hasta darnos una obra singular que no abandona nunca su posición tradicional. Es por eso que no deja de ser rock progresivo incluso cuando lo hibrida con géneros menos nobles. Y es en esa extraña situación donde surge la magia, la chispa de la creatividad, donde encontramos el mínimo denominador a partir del cual aferrarnos en un tour de force de constantes artificios espectaculares que, a diferencia de la mayoría de artificios, está lleno de un sentido más profundo del que podría aparentar a priori: su estilo cultivado tiene tanta fuerza, que la forma asume todo el peso propio de musicalidad. Es por eso que hay que reconocerle esa rara capacidad de la maravilla que sólo los mejores consiguen, aquella que la tradición siempre olvida que es el lugar desde el cual vio nacer su canon.

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