Rome – Flowers From Exile (2005)

por Álvaro Mortem

Rome - Flowers From Exile (2005)Ni en mil años la carne del mundo dejará de sangrar las heridas de los acontecimientos más cruentos de la humanidad. Es por eso que no olvidamos las guerras mundiales, las supurantes brechas abiertas en el alma de todo hombre, pero muchas veces gustamos de sepultar aquello que fue el preludio de la segunda de ellas: la guerra civil española. Un evento tan brutal y descarnado, dado al fratricidio más abyecto, es un hecho tan singular como difícilmente olvidable para aquellos que viven a su sombra, incluso cuando su sombra va camino de contarse ya en siglos; hay eventos que definen el carácter de una nación, incluso si es desde lo sombrío. Por eso cabría entender que la guerra civil española está infra-representada en el arte, ya no digamos pues en la música.

Bajo esta consciencia se explica que Rome fundamente la que seguramente sea su opera magna bajo los prefectos de la guerra civil y, de forma particular, en los exiliados a causa de ella. Porque quien debe dejar su país contra su voluntad, es también víctima de un crimen contra la humanidad. Bajo esta premisa, el único camino posible a elegir era el del acercamiento más melancólico al respecto del conflicto: abundan las baladas, algunas guitarras de palo flamenco, discursos por parte de ambos bandos y la sobriedad infinita del sufrimiento; ¿y la actitud marcial? Sepultada bajo una concepción más épica, orquestal incluso, para auspiciar un final que se muestra como el cierre ambiguamente triunfal de una carta de amor hacia los fallecidos. Aquellos fallecidos que murieron en cuerpo combatiendo por una lucha absurda originada por las pretensiones de poder de unos militares desquiciados, o los muertos en espíritu por tener que abandonar la tierra que les pertenecía con mayor justicia que aquellos que la bañaron con su sangre.

Flowers From Exile es la delicada composición de alguien que aun siente las heridas del acontecimiento en su piel, las yagas imposibles que ha heredado manando de los fluidos de aquellos que le precedieron en sus vivencias. Es tan excelente como testimonio de la guerra como obra de dark folk. Por eso no cuesta añorar las formas grandilocuentes que cultivará a posteriori, ni quizás los toques más oscuros de etapas anteriores; todo está contenido, reforzado en una tensión sentimental feroz, en una ejecución que provoca una continúa cascada de emociones en forma de comedidas composiciones de una belleza indescriptible. Unas canciones que, en último término, suenan perfectamente coherentes con el tiempo que intentan retratar: jamás hay una salida de tono ni un intento de ruptura con el ambiente, la coherencia del sentimiento es su principio regidor esencial. Por eso éste es uno de los más bellos testimonios de la guerra civil, esa desoladora aflicción que aun seguimos viviendo de diario en nuestra existencia como españoles. Y quizás, incluso como humanos.

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