Kosmischer Läufer – Volume One (2013)

por Xabier Cortés

a2392005402_10Que la música ha sido y siempre será un instrumento más en manos de la maquinaria de control de los estados totalitarios no es ningún secreto. Tampoco lo es el hecho de que el deporte servía también a los intereses del Estado que aprovechaba la repercusión mundial de acontecimientos puntuales para enseñar músculo y demostrar a sus archienemigos su inmensa capacidad militar a través de los resultados deportivos. ¿Qué ocurre cuando estos dos instrumentos al servicio de la propaganda encuentran un lugar común en el que sus caminos se unen para servir al gran Ente que todo lo controla? El técnico de sonido Martin Zeichnete pensó que aquellos sonidos cósmicos que solía cazar en su ático gracias a las emisoras de radio del oeste podían servir para acompañarle —aunque sólo fuera recordando esos ritmos en su cabeza, faltaban poco meses para que el walkman viera la luz— en sus rutinas de footing y, por qué no, a los valerosos atletas que tenían el honor de defender la república socialista frente al desenfreno capitalista en los Juegos Olímpicos. Esta idea llegó a oídos de algún funcionario intermedio perteneciente al Sozialistische Einheitspartei Deutschlands que precipito una serie de acontecimientos peliculeros que llevarían a Zaichnete a dejar su trabajo como técnico de sonido en la DEFADeutsche Film-Aktiengesellschaft, un estudio cinematográfico en manos del Partido— para pasar a trabajar para el Nationales Olympisches Komitee —Comité Olímpico Nacional— con el objetivo de ayudar a los deportistas a mejorar su rendimiento a través de esos sonidos sintéticos de los que tanto hablaban. Este Volume One bajo el nombre de Koschier Läufner —Corredor Cósmico— es una muestra de aquellas composiciones, rescatadas furtivamente de los estudios por el propio Martin Zeichnete y otros músicos involucrados en ese proyecto.

Fascinante, ¿verdad? Sin duda la historia contiene todos esos elementos de una película de espías protagonizada por Gene Hackman, pero resulta que esta historia-conspiranoia-guión-guerra-fría se trata de un hoax  o, más bien, de una cuidada y detallada historia para servir de apoyo para el lanzamiento de este álbum que bebe directamente de las fuentes del krautrock cósmico surgido en la Alemania de los setenta. No encontraremos referencias a Martin Zeichnete más allá de las que nos brinda la propia discográfica, cualquier búsqueda de material relacionado con esta historia nos remite directamente a documentos con no más de dos años de antigüedad con lo que resulta sospechoso a la par que brillante toda la historia que rodea a este álbum. Una maniobra magnífica para conseguir ampliar el espectro de un disco y dotarlo de un contexto-historia-ficción inevitablemente magnética —¿a quién no le fascinan las historias de la Guerra Fría?— con la que apoyar las composiciones que completan este Volume One.

El sonido constante y mecánico del ritmo motorik nos situará inmediatamente en ese plano temporal en el que los sintetizadores empezaban a asimilar su carácter humano. Las sencillas melodías cósmicas ayudarán a elevar el resultado final de estos desarrollos siempre con un ojo puesto en la cuidada base sobre la que se construye este homenaje a la Alemania dividida por el egoísmo humano. Todo lo que iremos descubriendo dentro de este Voluma One, cada detalle, cada guiño nos acompañará a un lugar en el que hombre y máquina se fusionan con el único objetivo de alcanzar el límite, su límite. Un sonido que recupera y continúa la senda comenzada por aquellos Kraftwerk, Can, Tangerine Dream y Neu! y que nos ayudaría a difuminar la otrora sólida y nítida línea que separara al hombre de la máquina de forma que pudiéramos fusionar ambos mundos sin, casi, esfuerzo. Éste es el poder del disco y, para qué negarlo, la esencia pura del sonido kraut.

Se convierte así esta música en un instrumento, una herramienta para elevar la capacidad tanto física como mental del ser humano hasta alcanzar su (nuestro) máximo potencial. La música cumple así otro objetivo diferente o, mejor dicho, utilizamos uno de los pilares de la música —esa capacidad de recrear planos visuales concretos en los que el artista y nosotros podemos encontrarnos cara a cara— para alcanzar cierto nivel de abstracción que sirva de combustible extra para alcanzar la meta y lograr la victoria; conseguir el equilibrio entre cuerpo y mente para afrontar lo inminente. Tras dejarnos llevar por los ritmos mecánicos y los sintetizadores cósmicos de este Volume One, sólo nos quedará aplaudir la magnífica ambientación conseguida con la historia creada a partir de la figura de Martin Zeichnete y esperar que este Volume One sea el primero de muchos capítulos de este corredor cósmico.

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