Prodigy – The Fat Of The Land (1997)

por Álvaro Mortem

Prodigy - The Fat Of The Land (1997)Hay trabajos que no sólo son auto-conscientes al respecto de su propia importancia, sino que se nos muestran como interesantes oráculos al respecto de su propio futuro; la obra de arte auténtica es aquella que busca sus propias condiciones fácticas de creación, su propio grosor de la tierra. A nadie acaba interesando aquello que se nos muestra intercambiable por cualquier otro miembro de su propia especie —al menos, no en la medida en que lo mercantil no ha suplantado de forma absoluta al arte. Por eso es prodigioso darse al encuentro con un grupo capaz de subvertir cualquier noción de género ya caduca, circunscribiéndose en ese delicado punto donde todo puede venirse abajo por la inconsistencia propia de su conformación: hacer lo que les salga de los cojones.

Si bien Prodigy nacen de los vestigios intersticiales del punk que copularon de forma notable, y completamente lógica, con la cultura rave, no sería hasta su tercera referencia cuando podría apreciarse en ellos una auténtica dirección hacia algún punto específico: The Fat Of The Land es la génesis de toda lógica que pueda existir detrás del grupo. Por eso el notorio salto desde las formas electrónicas más bastardizadas, pero aun electrónicas, hasta un híbrido inclasificable entre hardcore punk y un sintetizador orgánico haciendo «uso intensivo» del LSD, bastante mayor que el equivalente salto en su nombre de The Prodigy hasta Prodigy, fue un proceso que los encumbro en un tiempo necesitado urgentemente de una nueva música. Ellos eran el novedoso vómito de rabia que su tiempo venía exigiendo. Por eso no debería extrañarnos que sus canciones más populares también sean las que tienen un toque más próximo al punk, superponiéndose en popularidad sobre aquellas que anidaron en las corrientes menos belicistas del rap o el techno. Por excelente y vanguardista que sea Funky Shit —y la fascinante influencia que tuvo en ella el techno inglés—, es lógica la aplastante popularidad de Smack My Bitch Up.

Lo que ofrecieron estos hijos de la rabia venidos arriba, era una extraña mezcla entre temas de un corte más techno que abrasaba con la dureza requerida por sus toques filosos de breakbeat y un conjunto más radiable, más generacional y dado al himno, en forma de odas transpunk. Fueron los primeros en adentrarse, como un incendio descontrolado, en la fusión contranatura. Y lo hicieron bien. Por eso no debería extrañarnos que la parte más interesante de The Fat of the Land, todos aquellos experimentos excesivos a los cuales dieron vida para hacer un conjunto imbatible, hayan quedado olvidados en un segundo lugar en favor de lo más popular; los más superficiales de sus oyentes, se quedaron con los himnos y la violencia — los gourmets de la escucha, desestimaron el conjunto como una curiosidad por sus aires mainstream. Y aun con todo, consiguieron un sonido incombustible que no se olvida ni pasa de moda por mucho tiempo que pase. A veces hay trabajos proféticos en su importancia ya desde su título, y es algo que en Prodigy podemos decir a través de la expresión que da título a su opera magna: living off the fat of the land.

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