Merzbow – Takahe Collage (2013)

por Xabier Cortés

Merzbow

Acercarse a la particularidad del noise requiere por nuestra parte de una serie de ejercicios previos con el fin de contextualizar y saber aceptar El Ruido para poder aprovechar todo lo que él nos ofrece. Por un lado nos enfrentamos al carácter físico del ruido; el noise no busca (sólo) una respuesta emocional a su sonido como lo busca insistentemente el resto de la música. No, el ruido requiere una respuesta física para saberse completo, para alcanzar su máximo esplendor, para saber que la comunicación entre el artista y el oyente es total y completa en una especie de extraña relación simbiótica —el propio artista busca/necesita/persigue un feedback puramente físico, visceral para comprender el carácter de su propia obra ruidista. El otro aspecto imprescindible para terminar de comprender la inquietante idiosincrasia del noise viene de buscar la belleza y algo más —como toda obra de arte que se quiera denominar como tal, por supuesto— en este caso, la belleza en (y de) la disonancia. La brutal delicadeza del glitch como herramienta con la que construir entornos visuales en los que acabemos comprendiendo al artista, construir un todo desde y a través del ruido puro. Necesitamos nosotros como oyentes/receptores comprender estos dos elementos inherentes al noise para ser capaces de penetrar con garantías en los extremos caminos del ruido y Takahe Collage de Merzbow nos invita y nos seduce con su despliegue apasionado de estridencias sonoras.

La intensidad y presión sonora a la que nos enfrenta Masami Akita en este álbum —podría precisar que se trata del último hasta la fecha pero dada la irritante para el coleccionista y fecunda trayectoria de Merzbow, en el tiempo que se escriben estas líneas probablemente haya concluido otro nuevo trabajo— obedece a los cánones estrictos que el mismo Akita lleva defendiendo desde finales de los setenta: desarrollos largos y drásticos explorando tanto la vertiente más rítmica como la más desatada y demencial del noise. Tres piezas son las que completan este collage sonoro de difícil pero placentera digestión en la que nos acompañarán desde los desarrollos con un marcado carácter rítmico —una sutileza rítmica si queréis, como la que encontraremos en la composición que da nombre al disco, pero siempre bajo los geniales estándares de Masami Akita, por supuesto— sobre los que se extienden sugerentes sonidos-ruidos agudos todos enmarcados en una impenetrable maraña de distorsiones metálicas marca-de-la-casa hasta llegar a la marabunta —con un regusto al Merzbow desatado de mediados de los noventa— en el corte que cierra el álbum, Grand Owl Habitat y que nos irá sumergiendo en capas y capas de alteraciones sonoras, ruido de estática y demás guiños  y vicios noise que nos rodearán en su inquebrantable vorágine ruidista.

Masami Akita sigue explorando bajo su moniker Merzbow los límites de la experimentación sonora y sigue proporcionando nuevos caminos sobre los que seguir desarrollando el Arte del Ruido que se atrevieron a definir los futuristas italianos, en la persona de Luigi Russolo y su manifiesto L’Arte dei Rumori, para seguir expandiendo los límites del Ruido como forma de (y más-allá-del) arte.

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