Kirlian Camera – Black Summer Choirs (2013)

por Xabier Cortés

Kirlian CameraCuando son varias las décadas que contemplan la carrera de un proyecto musical existe el riesgo que éste se relaje, dejarlo a merced de la inercia —esa enfermedad terminal que infecta, debilita y extermina proyectos musicales a la velocidad del rayo— que ésta haga su trabajo y editar a intervalos regulares trabajos que giren alrededor de esa fórmula, de esa piedra filosofal hallada años antes. Los italianos Kirlian Camera se sitúan en un punto diametralmente opuesto al expuesto aquí, afortunadamente para nosotros —y para ellos— su carácter de artistas, con todo lo que ello conlleva, les obliga a seguir mezclando, puliendo, investigando una fórmula con la que expresar su particular cosmovisión. Lo que empezara siendo un poderoso y sentido neofolk industrializado y que se metamorfoseara en una suerte de darkwave después para pasar a ser, en sus últimos trabajos, una muestra de exquisita electrónica de marcado carácter europeo —aunque en una escena cuanto menos saturada— continúa su inquieto devenir hasta alcanzar a su más reciente lanzamiento: Black Summer Choirs.

La particularidad de este último disco de Kirlian Camera radica en que se han servido de su propia influencia, en una suerte de ejercicio de regurgitación musical sólo posible en alguien con la experiencia y el saber hacer de más de treinta años en una escena pequeña y poco tolerante a fallos como les la escena oscura. Angelo Bergamini junto con la inestimable ayuda de la diva Elena Alice Fossi ha sabido resolver un complejo puzzle en Black Summer Choirs haciendo de él un rendezvous de todo lo que ha sido hasta ahora Kirlian Camera —la intensidad del neofolk, la contundencia del espíritu industrial en las percusiones, la belleza encarnada en la voz de Elena, la grandilocuencia de los pasajes más atmosféricos e incluso la delicadeza de algún que otro pasaje triphop— pero que suena diferente y que abre nuevas vías a esa exploración musical que iniciara allá por los primeros años ochenta. Abandonan las pistas de baile saturadas, dan la espalda a sus cegadores destellos y sus lujuriosos neones, por breves momentos ya que siguen teniendo constantes guiños a ellas, para encontrar su lugar en esa misma ciudad pero en un apartado y tranquilo cine de los suburbios en el que proyectan adaptaciones de las novelas de Hammett y en el que se respira un intenso aroma a tabaco y decadencia. La sugerente voz de Elena, que en este álbum ha dejado su  impronta y encontraremos detalles, guiños y giros que nos recordarán a sus Spectra*Paris, nos invita a recorrer una ciudad en blanco y negro bajo una lluvia constante. nos muestra un camino gris y solitario, si acaso interrumpido por algún llanto lejano, alguna pelea callejera que toman forma aquí de interrupciones puramente spoken work que irremediablemente traerán a nuestra memoria a Blood Axis y su gospel por la inhumanidad. Black Summer Choirs está envuelto en un inquietante halo de misterio cinematográfico, su desarrollo bien podría ser la banda sonora para alguna oscura y sórdida serie policiaca con antihéroes de dudosos métodos bordeando la ilegalidad pero con satisfactorios resultados.

Kirlian Camera continúan acotando el devenir de una parte importante de la escena oscura europea con Black Summer Choirs gracias a su infinita capacidad y su incansable búsqueda de la belleza en las zonas más oscuras de esta ciudad que han elegido para desarrollar su arte.

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