65daysofstatic – Wild Light (2013)

por Álvaro Mortem

65daysofstatic - Wild Light (2013)No existe evolución sin trauma, sin una cierta ruptura con los elementos más circunstanciales que siempre se han sostenido por convención más que por ser una forma constitutiva per se. Es por eso que cualquier mirar hacia adelante en la música siempre se nos de como un proceso difícil, extraño y alienante: nos sitúa en medio de la duda, teniendo que saber ver en la nada los asideros hasta ahora invisibles que articulan el tránsito lógico entre estados. O lo que es lo mismo, lo único que sobrevive en la evolución es siempre aquello que define de forma esencial al evolucionado. Por eso la presunción básica ante cualquier indicio de evolución debe ser la sospecha no como forma de culpabilizar la perdida de algo, sino como la búsqueda de aquellos elementos constitutivos que nos permiten seguir anidando en su interior.

La condición geométrica que desarrollan 65daysofstatic en Wild Light es la progresión lógica a seguir después de We Were Exploding Anyway: un tránsito hacia la matemática sentimental como juego cinematográfico. Se nos da siempre en la sensación de estar articulando una película sin imágenes, una narración pictórica en el movimiento del sonido. Con ésto no cabe entender entonces que es como si se tratara de la BSO de una película —lo cual, aunque legítimo, sería impensable con un trabajo así de heterodoxo—, sino que constituye una narración a través de imágenes sonoras que se nos dan a través de sus sutiles progresiones; el conjunto es como una particular historia de ciencia ficción, cargada de romance y decepción, con algunos bien equilibrados puntos de acción à la tokusatsu, en forma de un espectacular todo de imposible construcción musical. No evocan paisajes, no transitan escenarios: articulan historias, narraciones, mundos. Buscan el ápeiron de las ideas mismas para traer tras de sí un algo hipotéticamente imposible, un espacio donde las imágenes tornan imágenes-sonido.

Su forma se da en una espectacularidad tal que es imposible sintetizarla como algo definible a partir de cualquier otra cosa conocida hasta el momento, a excepción de los 65daysofstatic mismos. Aunque sus influencias son desquiciadas y desquiciantes —desde el breakcore hasta Autechre o Aphex Twin, pasando por una variedad imposible de intuiciones más próximas al metal o el rock—, su quicio nace en el tránsito de ser explicado: cando se escucha se comprende su espíritualidad cinematográfica, su electronicidad oscura, su despertar la narratividad dormida en la música. Beben de mil fuentes, todas ellas reconocibles en pequeños destellos, pero forman un único frente común irreproducible por sí mismo; articulan un todo indescriptible que se hace gozosamente difícil de escuchar, que es accesible en su propia impenetrabilidad. Hacen posibilidad de lo imposible. Lo que hay de extraño en esta obra, ese cierto tono matemático, esa constante progresión geométrica hacia un lugar desconocido, es aquello por lo cual Wild Light nos resulta familiar: no sólo mantiene, sino que refuerza, los principios estéticos básicos de 65daysofstatic.

Wild Light es un trabajo que habla por sí mismo y no permite que nadie hable sobre lo que allí se contiene. Es un tesoro escondido dentro de su propia tesoreidad, pues su condición de tesoro es lo que apresa y destruye cualquier posibilidad de llegar hasta él, de sintetizarlo o imitarlo en algo reproductible por otros medios que no sea él mismo. Una obra que es su propia crítica, para un disco que es una película de imágenes musicales.

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