Sólstafir – Köld (2009)

por Álvaro Mortem

219264Es imposible escapar del pasado, ya que el pasado es aquello a partir de lo cual es posible fundar un presente propio. Por eso, aunque la obsesión más constante en la música es la necesidad de la novedad, o al menos una obsesión que hemos abordado de forma reiterativa, cualquier progreso en el ámbito musical viene acompañado siempre desde una cierta consciencia del pasado no como un lugar al cual viajar, sino como un momento de nuestra propia rama histórica de la cual formamos parte. El pasado es interesante porque nos habla de aquello que somos. Pretender cristalizar el pasado, traerlo al presente tal cual era entonces, sólo consigue el propósito de mostrarse como un fracaso del presente: todo tiempo tiene sus formas, y el propósito del presente es encontrar las suyas propias partiendo desde su tradición.

Hablar de Sólstafir es hablar del frío, la nieve, lo glacial, no sólo porque provengan de Islandia, o por el hecho de que Köld sea frío en islandés —o en sueco, refrigerante: esta posible traducción nos sería particularmente clarividente al respecto de las condiciones desarrolladas en el disco—, sino porque articulan un discurso estético que acontece en lo gélido: partiendo desde los intersticios del viking metal, sus canciones suenan como un drakkar abriéndose paso hacia Helheim atravesando las frías cavernas del Helway. Su brutalidad se constata en el veneno de las marismas que navegan. En este trabajo encontramos unos Sólstafir beligerantes, practicando un tránsito constante hacia lo avernal, desde donde nos llegan los ecos de sus batallas; aunque asumen unos principios básicos que oscilan entre el black metal en su vertiente sinfónica y el viking metal puro, el conjunto va más allá de la mera consecución de los principios de éstos: su sonido es más vigoroso y heroico, con un mayor peso central en un ruidismo calibrado a través de un bajo que se mantiene firme a través del oleaje.

Plasmar el cuadro que originan a través de su música Sólstafir implica olvidar sus referentes, los cuales nos lastrarían con ideas preconcebidas sobre lo que puede ser que hacen, sin olvidarlos, ya que en ellos está el germen a partir del cual desarrollan su estilo. Hay algo de Primordial o de Borknagar, quizás incluso de Windir en un sentido más prosaico, pero sólo como referentes que se pueden intuir pero no erigir como algo más que una linea genealógica que nos lleva hasta los islandeses; no hay un referente unívoco, una fuente primordial desde la cual beber las aguas de la originalidad. Glorifican mientras violan su legado. Por eso Köld se sale de cualquier escala que podamos erigir desde la simple tradición: no hay género que los soporte per sé, porque aunque beban de éstos están más allá de la repetición de sus fórmulas. O al menos, de camino a refrigerar las viciadas sendas de ardiente pestilencia que les llevarán a conseguir rescatar a sus antepasados del Hel.

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