The Mars Volta – Frances the Mute (2005)

por Álvaro Mortem

The Mars Volta - Frances the Mute (2005)Cuando hablamos de progreso lo hacemos refiriendo al tránsito entre diferentes estados, entre los cuales no tiene por qué existir una jerarquía que nos lleve hacia un estado superior: se puede pasar de un estado superior a uno inferior, se puede progresar hacia la mediocridad o hacia la muerte, pero lo común es que el progreso sea hacia un estado diferente por completo al cual se parte. «Progreso» no es sinónimo de «ir a mejor». Aunque la exigencia básica sea siempre el progreso, el ir hacia adelante, el avanzar, ésto no significa que el progreso sea mejor que el estancamiento: se puede progresar en el estancamiento y estancarse en la progresión. Es fácil confundir la progresión con el capricho propio.

En el caso de The Mars Volta, el estancamiento o la mediocridad no es una opción. Con Frances the Mute avanzarían hacia territorios inhóspitos en su carrera, aunque aún muy apegados sobre unas bases hardcore que no es difícil apreciar, apropiándose de tradiciones que podrían haberles sido ajenas hasta el momento: el latin jazz el dub, pero también el idioma español en su conjunto. Como es obvio, podrían haberles parecido pero no lo parecen —es difícil que te sea ajeno el español viviendo en El Paso; es difícil que te sea ajeno el dub habiendo creado De Facto—. Por eso dentro de la lógica coyuntural de su estilo próximo al hardcore más emocional, con una cantidad obscena de guiños hacia At the Drive-in, nos encontramos una fusión con sonidos más propios del sur de América. Ritmos cálidos, pausados y lamentos pegajosos sirven como refuerzo para un conjunto que, incluso cuando se decide por la quietud, parece siempre estar más allá de cualquier posibilidad de adivinar su siguiente paso; el latin jazz se fusiona con una naturalidad impropia con los gustos más próximos al ruidismo ya desarrollados en De-Loused in the Comatorium.

Hay progreso en Frances the Mute, pero es un progreso hacia algo diferente. Aunque nada de lo que desarrollan sea algo absolutamente nuevo, pues ya podríamos rastrear los detalles que aquí desatan en diferentes momentos de la carrera anterior de Omar Rodríguez-López y Cedric Bixler-Zavala, su acomodarse en una posición exógena se les permite por haber introducido con anterioridad esos elementos como parte inherente de su trabajo; el progreso no es un salto al vacío que sale bien, es hacer un puente sobre el abismo con los materiales que se han recogido con anterioridad. Por eso son capaces de constituir una rareza que funciona como un tiro, un disco que progresa en la transformación de The Mars Volta en la demostración de una forma más extensiva de ellos mismos.

No hay aquí un progreso como «ir a mejor»: con Frances the Mute no es que The Mars Volta vayan a mejor, sino que se constituyen como los conquistadores de nuevos territorios de su propia experiencia; no crean algo nuevo o diferente, no se perfeccionan, sino que nos demuestran hasta que punto siempre han sido así: ya «progresados».

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