Eisenfunk – Eisenfunk (2007)

por Xabier Cortés

EisenfunkParece que estamos condenados a presenciar con tristeza y nostalgia como se maltrata la cosa gótica; observamos con impotencia como hordas de personajes se erigen en paladines de la causa gótica pertrechados con las más variopintas vestimentas y abalorios en pos de aparecer ante el resto de su manada como «el más goth» o, por lo menos, aquel que tiene el sentido del ridículo menos desarrollado. Es más, lo que antes fuera un movimiento con gran trasfondo cultural, obsesionado con la música y con una casi enfermiza inquietud con la historia —o por lo menos con ciertos periodos de la misma—parece haberse convertido en un desfile de postadolescentes disfrazados más preocupados por sus plumajes de chillones colores que por la música que una vez cimentara esa escena a la que dicen pertenecer.

Podríamos achacar esta pérdida de la esencia a la proliferación de esa corriente musical electrogótica machacona estructurada en torno a la pista de baile y lejos, muy lejos, de ese romanticismo victoriano y de esas lúgubres melodías que siguen caracterizando a la causa goth. Este álbum homónimo de los alemanes —como no— Eisenfunk se enmarcaría dentro de esa generación de proyectos electrogóticos con su objetivo centrado en las pistas de baile pero aun así encontramos en él ciertos guiños que si bien no consigue cicatrizar las heridas de lo goth, sí que por lo menos cuanta con algo de sentido y con algo que decir.

El primer error que se suele cometer al tratar con Eisenfunk es intentar acotar su música dentro del género industrial, esta afirmación debería encender las alarmas en la guarida de Boyd Rice. Es posible que acertemos a identificar algún que otro guiño aislado heredado de la vorágine industrial —sobre todo en el hit A Tale Of Two Cities y en la contundente Nuklear— pero no deja de ser anecdótico, es decir, no por distorsionar las percusiones ni ensuciar su producción llegas al estándar industrial. Anecdótico resulta también que el concepto del álbum gire en torno al binomio Guerra Fría/Era Nuclear y todo la mística que le rodea. Pero aunque se den este par de chascarrillos dentro del disco, querer situarlo cerca —ya no digo al lado— de, pongamos, Throbbing Gristle resulta terriblemente injusto para Eisenfunk porque ese no es su objetivo. En Eisenfunk, el disco, se reúnen ciertos elementos heredados de la cultura rave —oh, sorpresa— y es aquí donde Eisenfunk se mueve sin complejos y demuestra que sabe lo que se hace. Ritmos repetitivos y machacones, melodías sencillas pero con ciertos toques dramáticos que te mantienen en vilo, uso y abuso de samples de la época que ayudan, algo, a generar ante nosotros alguna suerte de pasaje visual histórico. Paisajes algo difusos porque enseguida caemos en el frenesí machacón rompepiernas marca de la casa.

Eisenfunk consigue que algo con un objetivo tan sencillo y simple como hacerse sonar en los antros goth de medio mundo consiga sonar digno y no como un pastiche artificial y vacío. Aun y todo, la pregunta que debemos hacernos ahora es si este es el futuro que queremos para la cosa goth.

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