Yellow Magic Orchestra – Solid State Survivor (1979)

por Álvaro Mortem

51VDMBiqcjLDecía Gilles Deleuze que toda obra de arte siempre refiere a una comunidad aún por venir. En el ámbito artístico, cuando ésto se hizo literal, nos encontramos con la llegada del cyberpunk: la lógica coyuntural de un futuro posible poco halagüeño, basándose en como cambiarían nuestras vidas los artefactos del futuro próximo, acabó por hablar a una comunidad por venir desde una hipotética comunidad venida: no hubo una comprensión y asimilación profunda de sus conceptos hasta que nos vimos sumergidos de facto en una sociedad cyberpunk. Rodeados de gente con implantes, teléfonos móviles no más grande que una mano con la potencia de un ordenador e Internet como biblioteca de Babel, nuestro tiempo presente nos habla sólo desde los ecos de aquellas disoluciones éticas nacidas entre los circuitos de silicio.

En el caso de Yellow Magic Orchestra, más que coquetear con el cyberpunk se proclamaron sus más profundos mesías con la pretensión de colonizar los pensamientos de las masas. Cuando un disco empieza con una canción como Technopolis, una oda a la ciudad de Tokyo como centro cultural del futuro ciber al cual está abocado el mundo, sus intenciones quedan subrayadas desde su mismo inicio: hablan al público de un futuro próximo. Visto en perspectiva, literalmente. No es de extrañar que este disco fuera uno de los catalizadores principales del detroit techno, incluso con mayor consistencia que Kraftwerk —de los cuales YMO son discípulos aventajados—, teniendo en cuenta su constante búsqueda de formas singulares dentro de la electrónica; el uso de samplers, ruidos y una pizca de chiptune sería sólo una pequeña parte de la totalidad de referencias que usarían para crear un conjunto capaz de transportarnos al futuro sin despegarnos del presente. Su totalidad, mayor que la suma de sus partes, se consagra como una oda hacia un tiempo que siempre está aún por llegar a ser vivido.

Sus desviaciones desde lo clásico hacia lo futurible, que son a su vez desviaciones desde lo futurible hacia lo clásico, consiguen crear una disonancia cognitiva común en lo oriental, pero llevada al extremo en el caso de YMO: suena familiar, pero es profundamente extraño. Ayuda que las canciones tengan un marcado tono clásico, de tonadilla popular oriental, pero también su búsqueda incesante del modo para erigirse como un monumento pop en sí mismo; es complejo y experimental, pero no despega nunca la mirada de su pretensión de convertirse en un referente popular. Por eso Solid State Survivor puede asociarse con desarrollos hi-tech y reflexiones post-humanistas, pero también con el esperpento de exóticas geishas enfundadas en kimonos de vinilo con tubos de neón por pelo sobre una tarima en el corazón del corazón de la noche: la fiesta de bella decadencia.

Hablar de Yellow Magic Orchestra es hablar de un imposible sintetizado desde la mirada circunspecta hacia una realidad esquiva. De la mezcla de lo culto y lo popular, el pasado y el futuro, lo étnico y lo absoluto, nace la bestia capaz de rugir a través del tiempo siendo influencia para pasado, el synthpop, presente, el techno, y, muy probablemente, futuro. Su nombre es Yellow Magic Orchestra, y sus dientes se llaman Solid State Survivor.

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