Bambara – Dreamviolence (2013)

por Xabier Cortés

BambaraConstruir una obra musical intentando acotar algo tan abstracto, personal y misterioso como el mundo de los sueños es algo que relacionamos en gran medida, yo por lo menos, con esa tendencia musical formada alrededor del heavenly voices: paisajes oníricos, seres sobrenaturales no necesariamente malignos ni ansiosos por arrancarnos el corazón, vestidos vaporosos, etc. ¿Qué ocurre cuando enfrentamos ese difuso mundo de los sueños con algo tan orgánico y crudo como el ruido? Voy más allá, ¿qué sucede cuando no sólo trasladamos esta visión del mundo onírico al noise rock sino que además le añadimos un prisma punk y no racaneamos con destellos sludge y shoegaze? El resultado de toda este collage de elementos nos acercaría a derivas Lynchianas siempre resaltando la violencia y la intensidad. Esto es precisamente lo que nos ofrecen Bambara en su Dreamviolence: un viaje violento y lleno de intensidad y profundidad sónica hacia el centro de los delirios oníricos de una persona.

Desde Brooklyn, este primer larga duración de este trío nos golpea con fuerza desde los primeros segundos de All The Same —canción que abre este Dreamviolence y en el que irremediablemente nos vendrá a la cabeza la imagen pétrea e icónica de Michael Gira y sus Swans—. Sorprende la violencia e intensidad que imprimen a cada una de sus composiciones y que ya pudimos saborear en su anterior experimento en forma de cassette de harsh noise sin compasión y grabado a través del micrófono de un teléfono —sí, yo también me quedé a cuadros—. El ruido sigue presente, muy presente, en este Dreamviolence pero no en la forma que esperamos; ha mutado en una suerte de noise rock repleto de capas, texturas y sonidos que constituyen una forma sólida sobre la que cimentar un sonido en el que tampoco faltan los guiños al sludge de Isis o la locura de Goodspeed You! Black Emperor con todos los visos de convertirse en un algo único o, por lo menos, sí identificable con Bambara. Desde los fragmentos más frenéticos en los que el trío de batería, guitarra y bajo —con una cantidad obscena, para bien, de pedales y efectos que hará temer por nuestra salud mental y nuestra cordura— explota en un frenesí violento hasta los momentos más calmados —como ese delicioso y delicado interludio acústico titulado Bar y que aún siendo acústico conserva un carácter extraño a su alrededor y con el que contiuaremos siguiendo esa línea desquiciante que guía todo el álbum— no seremos capaces de acertar a distinguir sueño de realidad. Estaremos de enhorabuena pues lo habremos conseguido, nos habremos dejado llevar por el espíritu de Bambara y nos embarcaremos en un viaje de destino incierto. Un viaje lleno de sobresaltos a través de un inestable paraíso onírico del que despertaremos con sudores fríos pero con una irritante necesidad de volver a pulsar el botón de play en bucle para continuar bajo el influjo del sueño violento de este trío neoyorkino.

Que en su primer trabajo se consiga un nivel de profundidad musical y, por qué no decirlo,  que sea capaz de manejarse por esos horizontes caóticos y reverberantes con más que correcto resultado es un indicador del saber hacer de Bambara.

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