Ostara – Ultima Thule (2003)

por Xabier Cortés

OstaraEs preciso navegar hasta lo más profundo para aprender a apreciar la luz. Revolcarte en los enfangados charcos de lo subterráneo para alcanzar la realización en cualquiera de sus formas y colores. En el caso de un proyecto musical, éste puede comenzar tomando forma de implacable máquina generadora de apocalípticas melodías en las que la oscuridad y la decadencia son los ejes sobre los que se sostiene una sólida estructura post-industrial —en el fondo y en la forma— para recorrer los más farragosos y embrutecidos aspectos de la psique humana para, y una vez alcanzados los niveles máximos de penetración, pasar a expiar estos cúmulos de vacío y oscuridad de una forma no puesta pero sí diferente y desde luego igual o más excelsa que la forma primigenia. El caso de Ostara de Richard Leviathan comparte ciertos paralelismos con todo esto: lo que fuera un proyecto neofolk oscuro y denso, Strength Through Joy, de magnífica factura y envidiable line up —el mismísimo Douglas Pearce tomó parte aquí— se acabó convirtiendo en Ostara, un aún más brillante si cabe ente que seguía manteniendo de alguna forma el espíritu decadentista de Strength Through Joy pero que se vestía para la ocasión de un luminoso pop noir

Se da una curiosa intersección de elementos en este Ultima Thule que hoy nos ocupa, combinación que también se daba aunque en menor medida, en el anterior Kingdom Gone: continúan los rasgos hieráticos del inmenso bagaje neo folk decadente —uno no deja de lado su esencia primigenia porque no es ese el objetivo, el objetivo es seguir el camino forjado por esa primera chispa, buscar la belleza final del arte investigando y explorando nuevos caminos y nuevos sonidos— y los adereza con nuevos e insospechados elementos. Toda esa atmósfera folkie oscura domina el álbum, aguarda agazapada dispuesta a atacar con toda su crudeza y fiereza como en esa maravilla a capella de sugerente y místico titulo Proud Black Templar que es puro neo folk en esencia, pero deja hacer, se deja seducir por otro tipo de sonidos no alejados pero sí diferentes y extraños: apreciamos guiños rock —leves, tampoco es éste un festival de guitarras electrizantes— y dejando explotar a una inmensa colección de melodías y guiños puramente pop de corte british en los que nos parecerá haber descubierto el lado más oscuro, lento y decadente de unos, no sé, Oasis, por ejemplo. Todos los elementos que se nos presentan en Ultima Thule tienen un objetivo y sólo uno; guiarnos por un camino de luz para ascendernos a lo más profundo de nuestra mente. Cada giro, cada cambio de ritmo, cada melodía, cada estrofa narrada por la, una vez más, impresionante voz de Richard Leviathan nos fuerza a continuar con la mirada cegada por la luz y nuestro cuerpo sumergiéndose en la profundidad más ígnea y opresora.

Un viaje de ida y vuelta de destino incierto pero del que no querremos ni sabremos escapar, dejarse llevar por Ultima Thule, por Ostara y por la oscura luminosidad que desprenden cada una de las composiciones que forman parte de esta colección imprescindible de pop negro.

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