Nine Inch Nails – The Downward Spiral (1994)

por Álvaro Mortem

Nine Inch Nails - The Downward Spiral (1994)Hay algo oscuro en hablar de las obras maestras. No es sólo que generalmente ya se ha hablado mucho de ellas, que no por ello hablado bien, sino que tienen una fuerza centrípeta capaz de absorber cualquier discurso que pretenda erigirse en su honor; como un agujero negro, es imposible extraer una porción de éstas sin ser absorbidos y aniquilados y descompuestos en formas ridículamente simples que provocan que parezca que no estamos más que retratando aquello que se puede ver a simple vista. O peor aún, que estamos pretendiendo imponer un discurso que no está allí. Esa oscura fuerza elusiva que nace de su apreciación inmediata, de poder afirmar su maestría sin profundizar en ellas, porque irradian verdad, es lo que impide hacer un acercamiento minucioso hacia esta clase de piezas.

En el caso de The Downward Spiral, la opera magna de Nine Inch Nails, la problemática se multiplica en tanto parece que todo lo que puede decirse de éste le nace a flor de piel: su oscuridad, auspiciada por el uso de sobrecargadas atmósferas originadas por inteligentes dosis de ruidismo industrial; su mensaje de auto-destrucción, auspiciado tanto en una selección desgarradora de títulos y letras como por un uso constante de sintetizadores rayano lo siniestro; su mensaje político y sentimental, que se puede leer tanto desde el ámbito sexual o en el ámbito anti-estatal —en ambos casos, muy presentes en los samplers de Mr. Self Destruct: el orgasmo de una estrella porno y un hombre siendo golpeado—; y su evidente impronta filosófico-literaria, siendo el concepto del disco un descenso hacia el espacio del solipsismo interior. La espiral hacia abajo no sólo se conduce hacia la oscuridad, sino que también penetra en lo más profundo de la carne del hombre. Por eso se torna casi imposible hablar del disco.

Como toda obra maestra su sentido se hace evidente en su escucha. Quizás no un sentido consciente, ni siquiera aprehendido de modo subconsciente, sino que se es absorbido para él por aquello que hay de universal en el interior; nadie sabemos qué pasó entonces en la vida de Trent Reznor, pero todos podemos sentirnos cercanos a su experiencia. Reducir el disco a alguno de sus temas posibles sería una pretensión absurda, porque la ejecución está hilada de forma tan intrincada, tan profunda, que es imposible coger un sólo hilo para re-construir el significado ulterior del conjunto. Es posible hablar del suicidio, del solipsismo, de la violencia, de la enfermedad, del sexo, de la religión o incluso de la música, o cualquier combinación de las anteriores, y sin embargo no estaríamos siquiera próximos a poder pensar en agotar el entendimiento que de éste podemos llegar a tener. The Downward Spiral es todo eso y más de base.

Cualquier pretensión de hacer una crítica convencional fracasará, porque cualquier cosa que digamos sobre éste es algo que está ahí de facto. Y sabemos que lo está. Por eso en su propia capacidad para generarse como una multitud de significados, para ser el reflejo de nuestra alma devolviéndonos la mirada, es imposible siquiera pretender hablar de que significa en términos inmediatos. O incluso para mi propia persona. No aquí, no así.

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