Flipper’s Guitar – Singles (1992)

por Álvaro Mortem

Flipper's Guitar - Singles (1992)Abordar los singles de un determinado grupo exige una consciencia diferencia al del escuchar un disco cualquiera de ese mismo grupo. No existe un concepto, una evidente linea narrativa que una a todos los temas, y, por extensión, se hace necesario abordarlo desde la perspectiva de su totalidad. No de la totalidad de la música del grupo, sino de la totalidad abstracta de la imagen comercial —sin connotación peyorativa alguna— que éstos han creado al respecto de sí mismos; es absurdo pretender sintetizar que es un grupo a través de sus singles, porque éstos son una muestra de lo más radiable, pero no necesariamente lo más significativo, de su propio ser. Sólo rara vez, en casos de una consciencia impensables, ambos hechos se dan la mano.

No hay nada etéreo en Flipper’s Guitar, nada que nos haga dudar de su consistencia. Tanto es así que desde el primer hasta el último single puede circunscribirse una linea común, como si de un disco coherente y hecho ex profeso se tratase, que nos hace comprender qué supuso el grupo para la naciente escena shibuya-kei. Su pop dulcérrimo, rayano la sobredosis letal de encaramelamiento, fusiona con estilo detalles del pop de tintes british —al estilo de los tan moñas como hoy ya olvidados Haircut One Hundred— con cantidades ingentes de bossa nova y acid jazz, consiguiendo en el proceso un resultado imposible: la traducción perfecta de un sonido tontipop irónico-pero-no; irónico porque siempre parece al borde de la parodia, pero no porque profesan un amor tan auténtico como consciente de las ridiculeces propias pop. Singles nos muestra un grupo ocupado no sólo en crear un género de forma inconsciente, sino también en divertirse tanto como se toman en serio una música que podría tomarse por una mamarrachada para niñas cursis. Salvo porque no lo es.

No lo es porque su influencia sería tal, su capacidad para ir más allá de tal nivel, que quedarse con la superficial primera impresión que puede suscitar por sus posteriores malos imitadores —no sólo japoneses, también tuvimos que soportar que Papá Topo fusilaran con descaro su estilo llevándolo hasta lo, aquí sí, ñoño— sería comprenderlos desde una coyuntura que les es ajena. Flipper’s Guitar es un pop nacido de los abismos de la memoria, de un underground viajado y sin prejuicios que no se enamoró de la oscuridad. Poco o nada que ver con la búsqueda de la ñoñería en que se convirtió después el género. Como abanderados de cierto underground del pop, si es que eso es posible —sí, lo es—, su influencia sobre artistas posteriores, donde destaca por razones evidentes Beck, sería motivo suficiente no sólo para crear toda una escena que surgió a su medida, sino que el mejor pop occidental de los 90’s se lo debemos, en último término, a la influencia que tuvieron sobre los grupos anglosajones de la época.

Flaco favor les hacemos olvidándolos, a los padres de casi todo lo que se debía amar en el mainstream de los 90’s, más teniendo esa exquisitez llamada Singles tan próximo de nuestros hoy ya maltratados oídos.

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