Robert Messner – Winter (2010)

por Xabier Cortés

Robert MessnerLos recuerdos quedan, casi siempre, nublados por el tiempo transcurrido, difuminados por la distancia y tienden a presentarse ante nosotros como ilusiones de lo que nosotros creemos que son esos recuerdos pero que en realidad no son más que espejismos de un pasado frío fruto de una mente caprichosa. Nos parapetamos tras esos recuerdos ficticios siempre engañados por ese halo nostálgico, por esa falsa proclama: el pasado siempre fue mejor. Y nos aferramos a él ciegamente, en otra maniobra más para no querer, por un lado, aceptar nuestra realidad actual ni nuestro propio final y, en segundo lugar, encontrar cobijo y protección en esas imágenes ya pervertidas por el paso del tiempo, manipuladas por nuestra mente. ¿Cómo escapar de esta mentira? Es necesario asumir la realidad para  saber qué herramientas y qué mecanismos debemos utilizar para eliminar esa capa entre lo onírico y lo irreal que nos impiden recordar nuestro pasado real. ¿Con qué fin? Abrir los ojos y aceptar nuestro fracaso como especie suena a objetivo cruel, despiadado pero no por ello carente de realidad. Quizás no debemos llegar tan lejos y debemos quedarnos simplemente en nuestra propia mentira. Quizás.

Winter de Robert Messner —extraño moniker tras el que se encuentra el artista polaco Bruno Janiszewski, culpable de Suffering Astrid por ejemplo— nos invita a reflexionar, intercede entre nuestra mente y sus recuerdos, que son aquí sus propios recuerdos pero que sabremos aceptarlos como nuestros también, con el único objetivo de marcar una fina pero sólida línea entre lo real y lo imaginario. Todo este Winter se rodea de una misteriosa y gélida bruma, esa misma bruma que entorpece nuestros sentidos a la hora de traer al presente esos lejanos recuerdos, pero que en esta ocasión sirve de guía para saber profundizar en este álbum. Densos y delicados drones se harán dueños de nuestro universo particular mientras pequeños fragmentos de sonidos naturales se fusionan con espacios oníricos y se presentan como la única manera de hacernos despertar de ese letargo al que nuestros [falsos] recuerdos nos han condenado. Nos encontraremos irremediablemente conectados a cada uno de los segundos que completan este particular invierno de Messner, los delicioso punteos en Reshaping the Lines Within o en Gleaming Light —que podrían perfectamente convertirse en una cara B del álbum y completar por sí mismos una especie de dúo que se deja llevar por los misteriosos senderos de lo onírico— nos servirán para continuar despertando lentamente de ese engaño al que nuestra mente nos tenía sentenciados.

El uso quirúrgico de elementos propios del ambient como son las grabaciones de campo o la mezcla de eternos, en el buen sentido, desarrollos atmosféricos sobre los que construir una sólida estructura a base de pequeños guiños, resonancias y fríos giros en el sonido es la herramienta perfecta para deshacernos de esa capa de fantasía con la que cubrimos nuestros recuerdos para pasar a ser conscientes de nuestra realidad, primero; aprender a afrontarla sin el uso de los mecanismos de defensa propios de nuestra mente, después; y terminar de aceptar su (nuestro) inminente desenlace. Para todo este gigantesco ejercicio de aislamiento e introspección, Winter de Robert Messner se destapa como el perfecto hilo conductor con el que guiarnos por esta suerte de purga.

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