Poésie Noire – Sense of Purpose (2010)

por Álvaro Mortem

Poésie Noire - Sense of Purpose (2010)Veinte años no son nada en términos históricos. No cabe decir lo mismo de una vida humana, ya no digamos de la vida cultural de lo pop, que en esa cantidad de años ya ha podido variar en un sin fin de movimientos afines o ya desconocidos a uno cualquiera escogido como base —o en casos muy excepcionales, después de veinte años un culto pop acaba convirtiéndose en un culto no-pop: universal— y, por extensión, veinte años más que una vida resulta el tránsito de varios eones. ¿Qué problema hay en quedarse estancado en algún momento pasado? Que cuando se pretenda volver al presente se corre el riesgo de ser un anacronismo, ya que ni hemos madurado con el tiempo ni el tiempo se ha hecho madurar a nuestra semejanza.

Siendo que el anterior disco de Poésie Noire al que nos ocupa ocurrió en 1988, sus problemas se pueden dilucidar incluso antes de escucharlo: lo que entonces sería moda, o incluso vanguardia, resulta hoy ridículamente asimilado. Conocido en verso y reverso. ¿Es una sensación equívoca, dada por un mal prejuicio de una evolución histórica que no es tal? No: Sense of Purpose es un trabajo anacrónico, estilísticamente estancado en los 80’s, donde apenas sí hubiera tenido cabida como una versión wannabe de los principios más oscuros de la ruta destroyer. Lo cual hace mella en el conjunto. Las canciones, entre la darkwave y el EBM, entre la vanguardia y la moda (de hace veinte años), apenas sí concede intromisiones al presente, un presente que cuando se manifiesta parece salido de los 90’s, en un movimiento absurdo de retrorotura que no es tal. No es tal porque no hay rotura posible, ya que el trabajo fue compuesto en 2010 como si los miembros de Poésie Noire hubieran pasado los últimos años encerrados en un bunquer. Quizás equipado con una gramola y discos de pizarra.

Es curioso ver como a veces lo anacrónico, lo roto, funciona de forma tan efectiva en el presente. Recrean a la perfección el sonido de una época, porque no la han abandonado, lo cual incluye también meterse en los jardines más espesos (y bochornosos) de esa misma época: igual que parecen aludir un estilo próximo al de Front 242 con una impronta propia, a veces caen en una aproximación hacia la electrónica digna de Chimo Bayo. Lo cual no es malo, pero. Por eso resulta extraño, aunque familiar, todas las intromisicones que practican hacia el synthpop para practicar una música tan anacrónica como agradecida en el presente; quizás no consigan hacer un trabajo sobresaliente, algo que haga destacar el género con la renovada intensidad de una evolución lógica —como si conseguirían con el synthpop, por ejemplo, College—, pero devuelven cierto regusto añejo del mismo al conjunto. Un regusto que al menos no nace de una vomitiva memoralia archivística de jóvenes que nunca conocieron la época, sino de músicos que nunca supieron superar la época. Porque el tiempo no les pasó por la izquierda: les pasó por encima.

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