VAST – Visual Audio Sensory Theater (1998)

por Álvaro Mortem

31i2Canta, oh, diosa, la cólera del reznida, ¿quién? Quien no porque lo hayamos olvidado, que también, sino porque la cultura tiene una peculiaridad histórica: no suele recordar aquello que en su tiempo pudo ser importante, o poseer algún valor intrínseco, más allá de valor que tiene como punto de ruptura en su tiempo. Tener éxito en el presente no significa haber alcanzado la gloria futura. Ningún artista que no hable al futuro, a aquellos que aún están por venir, podrá sobrevivir a la dura prueba que el tiempo le impondrá como motivo de su existencia. ¿Y no significa eso que, a fin de cuentas, toda historia es siempre una historia de los vencedores y que, los vencidos, más que olvidados son simplemente ignorados?

Aunque difícil de creer, hay vida más allá de Nine Inch Nails para las derivaciones de corte rockera del industrial. O lo hubo. Los americanos VAST consiguieron con éste su disco debut algo que ¿anhelaba? desde hace tiempo el industrial: una derivación más sencilla, accesible, pop si se prefiere, del género. Quizás la única particularidad que aportó al género fue un gusto exquisito por las aliteraciones rítmicas y las melodías bigger than life, próximas al estilo grandilocuente de los futuros Muse, aplicado al corpus industrial, lo cual no excluye que su genialidad partiera de hacer accesible el sonido para unas masas poco acostumbradas al ruidismo. O la oscuridad misma. Su único problema es que, al ser perros de un sólo truco, su originalidad se acaba incluso antes de concluir la escucha de su opera prima; una vez escuchado Visual Audio Sensory Theater, no hay muchas razones para re-visitarlo una segunda o tercera vez. Lo que nos ofrece es lo que nos da, sin dobleces, sin riesgo alguno.

Quizás por eso los reznidas VAST, los hijos bastardos de Trent Reznor —no por industrial, que lo son, sino porque segundas lecturas sí nos mostrarían un evidente beber de The Downward Spiral, o The Fragile— nunca consiguieron abrirse paso hasta las estancias de la historia. Quizás sí hasta el salón del éxito presente, pero nunca más allá. Aunque ningún olvido sea justo, se puede comprender por qué quedaron atrás cuando se repartieron los billetes para el recuerdo: aunque consiguieron dominar un buen truco y hacer del industrial algo más dócil, abierto para la posibilidad de ser consumido por las masas, nunca consiguieron redoblar las apuestas más allá de ser una versión descafeinada de Nine Inch Nails. Quizás tampoco necesitaban serlo. Quizás en la cultura la historia sabe algo más de justicia, y los vencidos lo son porque no eran tan buenos como los vencedores.

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