Lumbar – The First and Last Days Of Unwelcome (2013)

por Xabier Cortés

LumbarExiste cierta tendencia —tendencia en la que servidor de ustedes ha caído en más de una ocasión—, en la cual sistemáticamente enmarcamos al noise como la única pieza musical, el único movimiento sónico que es capaz de afectar físicamente, amén de emocionalmente, al escuchante. Ocurre en ocasiones que un nuevo lanzamiento discográfico nos demuestra cuan equivocados —o, por lo menos, ciegos— estábamos y éste sirve de puñetazo sobre la mesa para hacernos despertar y ver que, efectivamente, lo físico no está únicamente relacionado con los preceptos que asentara Luigi Russolo en su manifiesto ruidista publicado en los primeros años del pasado siglo XX, que hay algo más. Es aquí donde hace acto de presencia The First And Last Days Of Unwelcome de Lumbar que no es otra cosa que un relato desnudo, crudo y doloroso llevado a cabo por Aaron Edge con el inestimable apoyo de Mike Scheidt (vocalista, guitarrista y fundador de los enormes YOB) y Tad Doyle (de TAD).

The First And Last Days Of Unwelcome se divide en siete canciones. Siete días de agonía, siete punzadas en la espina dorsal que nos ofrece este álbum y que se puede sentir físicamente el dolor, la agonía, la desesperación y la angustia de Aaron; seremos capaces de acercarnos, superficialmente, a su infinito dolor fruto de la esclerosis múltiple que le fue diagnosticada hace bien poco tras seis meses de angustiosa y dolorosa condena postrado en la cama. Cada riff —eterno, brumoso y denso como una bidón de espeso alquitrán, como mandan los cánones del buen doom stoneriano— se desarrolla como ese lento e imparable tic-tac de una enfermedad degenerativa. No hay vuelta atrás. Tampoco es de extrañar esa venenosa aureola de misantropía que sepulta cada minuto del disco, odio visceral achacable, sin duda, a la segunda fase del modelo Kübler Ross de la aceptación de un inminente y trágico futuro —negación, ira, negociación, depresión y aceptación— o de luto por una vida que ya jamás volverá a ser igual y de la que no hay escapatoria. The First And Last Days Of Unwelcome supura hastío y venganza, desesperanza y dolor; de nada sirve aquí aferrarse a cualquiera que sea ese clavo ardiendo que agarramos en el ultimo momento. No, no hay casilla de salida, no podremos abrir los ojos y despertar de esta pesadilla porque la pesadilla es nuestra realidad. Seremos capaces de hacer nuestro, de alguna extraña forma, ese dolor que tortura a Aaron, un dolor que nos taladra la espina dorsal y que nos sumerge en una espiral de desesperanza, suplicio y desasosiego.

Adentrarse en los algo menos de veinticinco minutos de este trabajo resulta un maravilloso suplicio, una dulce tortura y un viaje indiscutiblemente emocional y físico en el que nos veremos arrastrados a los más profundos abismos del dolor. En nuestra mano queda sumergirnos en esta prueba inequívoca de que no sólo el noise tiene el privilegio de hacernos sufrir físicamente con sus desarrollos sonoros. No al menos mientras Lumbar siga estando presente con esta oda a la fugacidad de la vida, este homenaje al dolor más descarnado y puro y esta prueba de lo inminente de nuestra muerte. Un aviso para el alma y una señal de socorro para nuestro cuerpo. Que así sea.

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